Diario de León

Ricardo Del Pozo Martín

Director De Gestión De Proyectos De Dt Global Europe

África, el tablero que Europa no ve

Mientras Pekín construye puertos, Europa redacta powerpoints

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A 14 kilómetros de España, justo enfrente de Algeciras, se levanta uno de los proyectos más estratégicos de China fuera de Asia: Tanger Med. No es una metáfora. Es un puerto ampliado por China Harbour Engineering Company (CHEC), conectado a un corredor tren-mar que une Chengdu con Tánger pasando por Alemania y España, y rodeado por la Mohammed VI Tangier Tech City: 2.000 hectáreas, participación china del 35% y un plan para 100.000 empleos industriales.

En esa ciudad industrial se están instalando doce de las catorce primeras empresas anunciadas, muchas en sectores clave para la transición energética. BTR New Material Group (363,5 millones de dólares), Hailiang (450 millones), Shinzoom (460 millones). Huawei opera un nodo logístico y proporciona infraestructura TIC. China Communications Construction Company (CCCC) y China Road and Bridge Corporation (CRBC) son socios estructurales del complejo.

Todo esto, insisto, a solo 14 kilómetros de Europa. Tan cerca que el eco de las grúas nos tendría que haber despertado. Pero seguimos dormidos.

Porque la geopolítica del siglo XXI ya no se juega en cumbres. Se juega en hormigón, puertos, trenes y contratos de 25 años. Lo saben China, Turquía, Rusia y EE UU. Europa, no.

Miremos Níger. Tras la retirada francesa en 2023, el vacío lo ocupó Rusia con el África Corps, asegurando acceso a zonas de uranio y oro mediante acuerdos directos con la junta militar. Turquía entró detrás con drones Bayraktar TB2 y contratos de infraestructuras públicas y logística militar. Europa ofreció comunicados. Moscú y Ankara ofrecieron capacidad. Y en África, la capacidad manda.

En Angola, China lleva quince años aplicando su manual de «infraestructura a cambio de recursos». Ahí están el ferrocarril de Benguela, rehabilitado por China Railway; autopistas y viviendas sociales financiadas con líneas de crédito respaldadas por petróleo; barrios enteros como Kilamba, el mayor proyecto habitacional de África, construidos por Citic y Sinohydro en plazos récord. Europa aparece con proyectos fragmentados, lentos y de alcance limitado. El tablero se reparte antes de que lleguemos.

Sudán es más brutal. Rusia protege minas de oro para asegurar pagos y busca un punto naval en Port Sudan. Emiratos y Turquía financian actores opuestos en la guerra civil. EE UU maniobra para evitar que el mar Rojo caiga en órbitas rivales. Europa, otra vez, observa. En los escenarios de guerra, la influencia no se compra después: se conquista antes.

Kenia es el terreno donde la competición es abierta. China domina la infraestructura dura: el SGR Nairobi–Mombasa, construido por CRBC; carreteras, represas, hospitales, líneas eléctricas. EE UU invierte en lo digital: cables submarinos, centros de datos, Power Africa, presencia creciente de Google y Microsoft, que han situado Nairobi como nodo africano de IA y servicios cloud. Europa aporta energías limpias, formación técnica, regulación. Está, sí. Pero no pesa.

Y volvamos a Tánger. Un puerto construido y ampliado por empresas chinas. Una ciudad industrial donde la mayoría de los primeros inversores son chinos. Un corredor logístico Chengdu–Tánger que reduce los plazos de entrega de 35 a 20 días. Una plataforma que conecta China, África y Europa por tierra y mar. Y todo eso, repito, a 14 kilómetros de la UE. No es una influencia lejana: es la BRI tocando la frontera europea.

¿Por qué Europa pierde presencia? Por diseño, no por accidente. Demasiada fragmentación entre Estados miembros. Ritmos de ejecución incompatibles con los tiempos africanos. Exceso de condicionalidades sin alternativas reales. Poco músculo frente a los bancos chinos. Y una obsesión por exportar gobernanza mientras otros construyen puertos.

Y aun así, África sigue siendo una oportunidad enorme para Europa. Porque Europa tiene lo que África necesita: energías limpias, movilidad sostenible, ferrocarril, agricultura inteligente, formación técnica, estabilidad normativa, descentralización. Tiene el conocimiento. Tiene la historia. Tiene legitimidad. Lo que no tiene —todavía— es la urgencia.

Y la urgencia es política. Es estratégica. Porque hoy, en África, gana quien llega con soluciones, no quien aterriza con discursos. El tiempo de los discursos se ha terminado.

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