Diario de León

Rogelio Blanco

Escritor

Democratizar la Democracia

Regenerar la vida de las instituciones y recordar que la justicia, la igualdad y la solidaridad son valores perennes

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En una primera entrega, en el breve espacio que ofrece este medio, se ofrecen unas reflexiones generalistas sobre la democracia y sus enemigos, se exponen advertencias y se anuncia una segunda parte de aproximación a la situación leonesa.

La democracia, sistema político, históricamente ha gozado de escasa presencia, marginal de los modelos teocráticos y despóticos. Actualmente se tiende a que sea un modelo universal, mas se halla lejos de desarrollar sus principios. Se afirma que es el modelo que mejor representa a la naturaleza humana, su hábitat natural, el espacio en el que se permite que todo individuo pueda ser persona y ejecutar su personaje en el breve tiempo que habita la tierra junto con sus congéneres. Las actuales democracias son productos de una dinámica dialéctica e incierta. Se desarrollan entre avances y retrocesos bajo el principio de soberanía del pueblo; no obstante, este principio se limita bajo la imposición de leyes y reglas necesarias de convivencia y bajo la transferencia del poder a representantes elegidos. El modelo moderno arranca primigeniamente sobre el trípode revolucionario francés de libertad, igualdad, fraternidad. Una trilogía de valores que se complementa y antagoniza, pues la sola libertad mata la igualdad y la fraternidad; la igualdad, si se impone, mata la libertad y no logra la fraternidad; la fraternidad precisa del vínculo comunitario entre ciudadanos, debe regular la libertad y reducir la desigualdad, pero no puede imponerse por ley positiva. Se acepta que la democracia es el río que recoge la diversidad de intereses grupales y pluralidad de ideas. Un modelo que exige consenso en una organización compleja. Estas y otras consideraciones la convierten en planta frágil frente a modelos totalitaristas; de ahí que tal planta exige cuidado permanente. Tiene enemigos. Uno de los antídotos es la cultura política y la atenta y continua mirada frente a procesos regresivos. Según Zambrano tres son los grandes enemigos: la demagogia, el exceso de ideología y los nacionalismos. La democracia se entiende como un sistema de participación, si bien actualmente responde a otros componentes tales como: —la conformación en un campo político que actúa independiente de la sociedad que dice representar; —la organización de una burocracia estatal que navega entre especialistas y políticos profesionales ajenos a las necesidades de la sociedad; —la acumulación de poder y actividad en manos de una minoría con escaso interés por hacer partícipe a la sociedad; —la concepcción de la vida política como competencia y lucha entre élites con aspiraciones de gobierno mientras que los partidos establecen maquinarias de control sobre la militancia; —el incumplimiento habitual de las promesas electorales; el voto ciudadano carece de control y se rompe el contrato entre votante y votado; —se destinan recursos públicos para fines partidistas y grupos de presión. El político se profesionalizada, se aleja de la gente y se convierte en personaje no fiable. Estas y otras circunstancias exigen democratizar la democracia, regenerar la vida de las instituciones y recordar que la justicia, la igualdad y la solidaridad son valores perennes. Ciertamente son valores inmateriales, de una ética que choca contra la realidad que suele imponer la tiranía de la eficacia frente a la ética. Machado alertaba: el pragmatismo es la nueva religión de los canallas. La palabra democracia habita bajo las siglas de partidos dictatoriales y en boca de dictadores significativos; bien parece que la democracia es un rumor de nuestro tiempo y se refiere como un dogma; pero los dogmas tienen la virtualidad de permanecer en la oscuridad de las palabras y estas, con frecuencia ocultan los verdaderos pensamientos (Voltaire). Los dogmas suelen ser de utilidad en los modelos teocráticos, pues no necesitan explicación y prohíben la refutación; mas, en democracia, los dogmas son humanos, luego han de ser transitorios ya que todo lo humano nace, fluye y muere. Solo permanece la historia como biografía del paso del hombre por tierra y la debemos construir todos, de ahí que se precisa conciencia histórica para saberse constructores históricos, para rebelarse frente a las épocas en las que unos pocos lo hacen y muchos la padecen (Camus). El modelo de democracia elitista, ajeno al

demos del gobierno por y para el pueblo, que aboga por la participación, da paso a las minorías y aporta grave déficit democrático y termina generando desconfianza y apatía. Ciertamente existen varios modelos de democracia. Actualmente, siguiendo a Habermas, se señalan tres: —la «liberal-democrática», caracterizada por su «baja intensidad», electiva, solo convoca representantes; — la «republicana-cívica», vinculada a las teorías comunitaristas de solidaridad; — la »democracia-deliberativa o participativa» en la que se demanda a la ciudadanía alta intensidad y participación, en este caso los ciudadanos acceden a los núcleos de decisión. Votar, gran logro democrático, siendo un acto significativo, por sí solo es insuficiente. El representante-votado sustituye al votante-ciudadano durante un tiempo. Si la dinámica se queda ahí se produce distanciamiento. El modelo liberal se adaptó convenientemente al rito del voto para, posteriormente «secuestrar» la voluntad del votante. Este modelo ha generado suspicacias y abstención. Los partidos se han homogeneizado, incumplen promesas sin consecuencias. El votante desconfía y se distancia. La democracia se ha convertido en acto de votar y los grupos oligarcas ya se han convencido que no necesitan golpes militares para ostentar el poder, solo urnas. ¡¡Grave perversión!! Un ataque furibundo a la planta frágil a la que descaradamente invocan y no dudan en sacralizar constitucionalmente, pero a favor de sus intereses. A tal actitud solo le agradan las manifestaciones en campaña electoral, durante el resto del tiempo articulan legislación prohibitiva o controladora. No debemos olvidar que el poder del pueblo, las elecciones democráticas, históricamente las denostaron y negaron, pero han descubierto que el voto numérico es suficiente para imponer sus decisiones. De este modo se ahonda en la fragilidad de la democracia tras: —la exclusión de los principios democráticos en áreas relevantes tales como la economía, la administración, la justicia, etc., donde se señala el principio de disciplina y jerarquía; —se restringe el funcionamiento democrático a momentos determinados, las elecciones; y de cuando en cuando se toma opinión como dato estadístico bien para conocer, criticar o manipular; —se cuartean las elecciones tras listas cerradas e imposición de programas; —la democracia parlamentaria se ahueca. El centro de gravedad se traslada del Parlamento al ejecutivo, donde se toman las decisiones; —amenaza la oligarquización de la democracia en la que en las élites de los grandes partidos se apropian de la vida política y controlan los poderes. Se impone, pues, democratizar la democracia. Esto se logra mediante la acción directa y participativa, exigiendo la presencia continua y ajena al solo acto de votar y elegir representantes en elecciones. Existen recursos tecnológicos para buscar la opinión y desarrollar una democracia deliberativa, trasparente, con exigencia de rendición de cuentas y consultas directas. Actualmente asistimos a un modelo democrático cargado de hiperrealismo. Un modelo que coloca los ideales éticos fuera la historia. El pragmatismo es un modo de fosilizar la realidad. En el actual modelo domina más lo económico que lo político. Abunda la sobre-información-estadística y el dominio de poderes supranacionales y de

lobbies organizados. Caminamos hacia el narcisismo político en el que se da mucho a pocos y poco muchos, donde muchos votan y pocos vetan. ¿Asistimos a un nuevo modelo de totalitarismo? Es la pregunta, pues el totalitarismo, cargado demagogia, con descaro incorpora terminología democrática, ¡¡gran engañifa!!, pues su fin es vaciar de contenido a la democracia y actuar en interés propio. Un modelo narcisista grupal. Y «todo narcisismo es un juego con la muerte» (Zambrano).

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