Diario de León

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La dramática encrucijada a la que nos ha conducido la política daltónica de nuestros dirigentes de la Unión Europea es verdaderamente esquizofrénica. Lo que revela, a la larga, su incompetencia y la calamidad que aguarda al edificio entero del espacio euro.

Durante los diez años posteriores al colapso de la URSS, Europa fue incapaz de aprovechar la debilidad de Moscú para acercarse a Rusia. Y se contentó con dejarla a merced de sus oligarquías mafiosas en torno al actual dictador a cambio de recibir energía barata por los gasoductos ahora cerrados. Ese trato ignominioso, obra nefasta del excanciller Schroeder, el amigo íntimo del señor Putin, con la complicidad del corrupto Chirac, es el que ahora pagamos con dolorosas creces. Porque en 25 años el tirano de Moscú ha fortalecido su poder y con la ayuda de los que el pistolero de Tejas, Bush junior, llamó «los ejes del mal» ha tejido un entramado que acabará por estrangular a Europa y a su sueño miope de Unión comercial pero no política. Y ahora, al buscar la anexión de los territorios que formaron parte de la Rusia zarista, se desata el terrible dilema. Sancionamos a los empresarios rusos que tienen negocios en Europa. Prohibimos a nuestras empresas que hagan negocios en Rusia pero compramos como nunca su gas y su brent. O sea estamos pagando los contribuyentes europeos, la maquinaria bélica que causa estragos en esta guerra maldita. Y pagaremos, también, cuando acabe y haya que pagar la reconstrucción del país. Si esto no es esquizoide, ¿qué es? La Unión europea es la víctima inexorable de esta guerra, la que nos lleva sin remedio al declive. Con razón los ingleses se separaron de nosotros porque han olido la chamusquina. Porque nadie se engañe, cuando las ascuas finales de esta hoguera, promovida por la socialdemocracia europea se apaguen, el malestar social será tan grande que el edificio colapsará con el auge de los partidos anti europeos que enseñan la patita desde hace años.

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