Harta del discurso reaccionario, acabemos con todas las discriminaciones

¿Os habéis fijado en las pegatinas que hay en nuestra ciudad? En farolas, tuberías señales… se mandan mensajes contra las personas racializadas, contra la orientación sexual no heterosexual, contra las mujeres que se atreven a denunciar el machismo, llamadas feminazis.
Todos esos mensajes se suman al contenido en redes sociales, comunicadores y medios de comunicación que constantemente lanzan acusaciones contra inmigrantes y mujeres como los causantes de males de la sociedad como: el paro, la falta de calidad de los puestos de trabajo, el agotamiento diario de los trabajadores por tener que realizar todas las tareas para sobrevivir otro día más a la jornada laboral y estar listos para al día siguiente ir a trabajar (si volviéramos a aquella época de la mujer en casa y con la pata quebrada no estaríamos tan cansados), o las acusaciones más graves, que los inmigrantes vienen a delinquir. En 2024 según los datos del SEC (Sistema Estadístico de Criminalidad) se detuvieron e investigaron por infracciones penales en la provincia de León a 3.097 personas, de las cuales 500 eran extranjeras; en León en los últimos datos que facilite el INE hay 20.422 personas extranjeras, es decir un 2%, es evidente que es falso que las personas extranjeras sean en su mayoría delincuentes. Mientras los datos objetivos muestran que sigue habiendo violencia machista, que sigue habiendo agresiones a personas por su color de piel o por rechazar el racismo y el fascismo. Cada vez vemos a más jóvenes vitorear al fascismo, y responder violentamente cuando se les llama la atención sobre la barbaridad que, es decir, por ejemplo, viva Hitler. ¿Qué tenemos que hacer para evitar que nos sigan agrediendo por ser diferentes, mujeres, de otro color u orientación sexual? Yo, como mujer, abogada y comunista lo tengo claro: debemos organizarnos y luchar juntos, hombro con hombro, como un puño cerrado que golpea contra toda discriminación. Tenemos que mostrarnos unidos y unidas contra la reacción. Tenemos que organizarnos como una sola clase que somos, todos y todas somos trabajadoras. Todo y todas para sobrevivir tenemos que ir a un puesto de trabajo, obedecer órdenes de jefes y a cambio recibir unos salarios que apenas nos llegan para pagar el alquiler o la hipoteca, la compra del mes, el agua, la luz, la calefacción, la gestión de las basuras... Somos esa clase que hace que el mundo funcione pero recibimos migajas mientras los dueños de las empresas, bancos, eléctricas…ganan cada año más y más beneficios; y encima nos insultan y agreden en nuestros barrios. Son muchos empresarios quienes financian los discursos de odio, son ellos quienes financian a los grupos reaccionarios que nos golpean y ensucian nuestra ciudad con sus mensajes, son ellos a los que hay que señalar como el origen de nuestra discriminación. Las mujeres y las personas inmigrantes siempre hemos sido señaladas como las causantes de rebajas salariales, porque claro, somos la parte más vulnerable de nuestra clase. Somos las que tenemos que realizar la mayoría de las tareas reproductivas (limpiar la casa, cocinar, cuidar hijos o padres, poner lavadoras, hacer la lista de la compra, etc), y por ello preferimos jornadas parciales mal pagadas, depender de parejas a las que nos da miedo denunciar, trabajar sin contrato porque nos permite seguir recibiendo ayudas que nos pagan el alquiler, en conclusión, tener unas condiciones de vida peor. Son las personas inmigrantes las que viven con el rechazo constante y la desconfianza alrededor y cuando hay una oferta de trabajo se acepta y se teme a denunciar cualquier abuso ya que de ese trabajo depende el permiso de residencia e incluso el de todo el entorno. Acercándose el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es importante alzar la voz y decir que estamos hartas, y que es hora de responder y dejar de ser las víctimas.