Diario de León

Joaquín Alonso

Etnógrafo Y Antropólogo Cultural

Eloy Algorri, para siempre

Todos esos años de dedicación y esfuerzo le convirtieron en un manantial de saber y en un impulso vital e intelectual determinante en su concepto de la arquitectura

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Los presagios del cuerpo enfermo y agotado casi siempre terminan en una maldita y natural ruptura porque así es nuestro destino. Por ese decisivo e inconsolable final, el 31 de enero, muy de mañana, Eloy hubo de atravesar la laguna Estigia en una inusitada navegación en la que el mismo barquero comprendió que no debía pedirle la moneda necesaria para alcanzar la otra orilla, porque resultaba notorio que su edad no era la adecuada para semejante tránsito, y porque la ciencia no pudo salvar su excelente condición humana. De esta manera surgió un primer silencio de consternación, para dar paso al tiempo que aceleraría la propagación de la luctuosa noticia.

Hemos de comprender con resignación esta lamentable realidad y acudir al único consuelo que nos queda: apretarle contra nuestro corazón como siempre ha sido entre los que le hemos querido. Ahora habrá que afrontar el futuro con la ausencia de su vitalidad, de su ingenio, aunque, por ser como fue Eloy, también podremos encontrar consuelo en su fértil talento. Y esto es posible porque su vida fue un puro ejercicio de intelegencia. Sólo a través de ella era posible conocer verdaderamente cómo era este hombre tan singular, tan racional, tan reflexivo, tan inquisitivo, tan responsable, tan trabajador, tan metódico, tan instruido..., revestido en el rigor y la adustez de un concepto vital y de una apariencia circunspecta que contrastaba con un carácter pletórico de simpatía, fortalecido por la agudeza de su capacidad intelectual y por el pícaro resabio de la experiencia y de la caricatura irreverente. Tampoco se puede ovidar su viva mirada y a veces lo que no era una sonrisa ni tampoco una carcajada, sino una graciosa malicia convertida en risa contagiosa y a la vez en una sustancial crítica a las irreflexivas opiniones que tantas veces se escuchan y a los absurdos comportamientos que suele tener el ser humano. De este modo, ya fuese jocosamente o con la seriedad de un buen argumento, facilitaba una visión diferente del entorno en el que discurrían nuestras vidas, un horizonte de nuevas espectativas y, en lo cotidiano, una faceta más de los pequeños acontecimientos del mundo urbano y pueblerino de León que, por cierto, significaba con acierto y graciosa chanza. A su vez, en los tiempos que nos acompañaba la juventud, durante muchos años pudimos vivir con él y su esposa Paloma intensas alzadas por la montaña leonesa y alcanzar un buen número de cumbres de la Cantábrica. Esas inolvidables vivencias campero-deportivas fueron una catarsis para todos, habitualmente salpicadas de interesantes conversaciones, de opiniones dispares, de comentarios a propósito de nuestras lecturas habituales (Eloy fue un gran lector) y, por supuesto, de bromas y risas que tanto llenaron nuestro ánimo de sana plenitud. Después, si continuamos hablando de Eloy, al día siguiente de esos esparcimientos regresaba a hora temprana y puntualmente a su trabajo como arquitecto, para emplear infinitas horas en su actividad durante las que alguna vez era fácil advertir la intensidad introspectiva de su pensamiento, instante que parecía vivir una momentánea ausencia terrenal. Fueron estos soplos de su personalidad los que para mí, al menos, resultaban más sugerentes y de mayor interés por lo que pudiera surgir de aquella reflexión. Muchas veces le ví concentrado ante aquellos antiguos paralex propios del oficio de la arquitectura, y posteriormente en los absorventes programas informáticos del ordenador, mientras su constancia consumía la jornada en el estudio que tenía en la calle Conde de Rebolledo de la ciudad de León, acompañado de un leve fondo musical. Todos esos años de dedicación y esfuerzo le convirtieron en un manantial de saber y en un impulso vital e intelectual determinante en su concepto de la arquitectura y de la rehabilitación del patrimonio arquitectónico histórico-artístico y etnográfico de Castilla y León, aunque por encima de su amplio ejercicio profesional, lo que más ha de importar ahora y en el futuro, es reconocer la gratitud que se le debe y apreciar el don que le hizo ser tan valioso como interesante y tan honesto como divertido, cualidades, como todas las que siempre tuvo, fáciles de demostrar por todos los que le hemos conocido y hemos disfrutado de su amistad. Por todo, siempre estará con nosotros.

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