Diario de León

Teodoro Castañeda Martínez
​Licenciado en Derecho. Funcionario de la Administración de la Seguridad Social

Licenciado En Derecho. Funcionario De La Administración De La Seguridad Social

Inmigración sí, inmigración no

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La inmigración es un tema que suele generar opiniones divididas. Por un lado, hay quienes creen que la inmigración trae oportunidades y diversidad, mientras que otros piensan que puede causar problemas económicos o sociales.

En España se vive una situación curiosa: aunque hay bastante gente en desempleo, al mismo tiempo faltan profesionales en sectores claves. Los hospitales que no logran cubrir todas sus plazas de enfermería, las empresas de construcción que no encuentran trabajadores, las compañías de transporte que tienen falta de conductores, los negocios turísticos y hostelería que enfrentan las temporadas altas con muy poco personal y en la agricultura pasa lo mismo. Además, hay un problema de fondo: la población está envejeciendo y hay pocos nacimientos, lo que hace difícil que haya nuevas generaciones que tomen el relevo. La economía española requiere personas que estén listas para ponerse a trabajar. Pero la cuestión no es solo cuántas, sino también en qué condiciones y bajo qué modelo. Hay un aspecto que casi nunca se toma en cuenta en el debate sobre migración: la crisis de vivienda. En España hace falta construir más casas para que los precios del alquiler no suban tanto y para que sea más fácil que los jóvenes y las familias con ingresos medios y bajos puedan tener una vivienda propia. El sector de la construcción lleva tiempo enfrentando una falta constante de profesionales. Después de la crisis inmobiliaria de 2008, mucha gente decidió jubilarse y desde entonces no ha habido un cambio generacional. La pregunta es clara: ¿cómo vamos a resolver la falta de viviendas si no hay trabajadores suficientes para construirlas? Si faltan trabajadores, los proyectos se atrasan, los costos suben mucho y no se construye la vivienda al ritmo que la sociedad necesita. El resultado es un ciclo que se repite: hay menos construcción, menos oferta y, como consecuencia, los precios suben. ¿Qué tipo de inmigración estamos dispuesto a admitir? La inmigración legal y la ilegal son dos situaciones muy diferentes. No toda inmigración es igual. La inmigración legal, que se da a través de visados de trabajo, permisos de residencia y contratos formales, ayuda a que los trabajadores se integren al sistema productivo con derechos y responsabilidades bien definidos. Contribuye a la Seguridad Social, paga impuestos y ayuda a que la integración sea gradual. La inmigración irregular, por otro lado, trae consigo problemas estructurales serios. Tampoco hay que olvidar a las mafias que sacan ventaja de la desesperación de mucha gente. Las redes criminales preparan viajes en condiciones terribles, cobran cantidades desorbitadas por viajes peligrosos y, en muchos casos, abandonan a los migrantes a su suerte. Estas organizaciones no solo se dedican al tráfico de personas, también sostienen economías sumergidas y facilitan que haya explotación laboral. Quien realmente gana con la inmigración ilegal no es ni el trabajador ni el país que lo recibe, sino la red criminal que se aprovecha del sufrimiento de otros. Luchar contra la inmigración irregular no significa estar en contra de los inmigrantes, sino más bien proteger la ley, los derechos humanos y la dignidad de quienes buscan una mejor oportunidad. Limitar el debate a un simple «sí» o «no» hace que la discusión pierda profundidad. Cuando la inmigración no está bien organizada, no ayuda ni al país que recibe ni a las personas que llegan. Cerrar la puerta a cualquier tipo de migración puede afectar mucho a áreas clave como la sanidad, la construcción, la agricultura o los servicios. Una alternativa sería la capacitación en el lugar de origen para promover una migración segura, regulada y ordenada en destino. Frente a esta situación, aparece una opción que vale la pena considerar: intervenir directamente en los países de origen. Si en España hacen falta enfermeros, soldadores, programadores, conductores profesionales, mecánicos, camareros, peones o expertos en oficios de la construcción, ¿por qué no apostar por formar a esas personas antes de que salgan de su país de origen? La Unión Europea tiene instrumentos financieros para la cooperación al desarrollo que podrían enfocarse de manera más práctica en la formación profesional específica en países de donde proviene la migración. Si se coordinaran programas entre administraciones, empresas españolas y centros educativos extranjeros, se podría formar a los trabajadores según los estándares que se exigen en España. Cuando terminen la formación, se podrían abrir oportunidades de empleo reales en empresas españolas, permitiendo una inmigración legal, con contrato asegurado, condiciones de trabajo claras y una llegada organizada. Este modelo no solo serviría para ocupar puestos en los sectores con falta de personal, sino también para fortalecer la capacidad constructiva del país. Lo importante es ver esta estrategia migratoria como algo donde todos salen ganando (ganar/ganar). España gana porque logra cubrir los déficits profesionales, mantiene su sistema de bienestar e impulsa el crecimiento de muchos sectores que tienen falta de personal. Los trabajadores migrantes salen ganando al conseguir empleos formales que les ofrecen derechos y estabilidad. Y los países de donde vienen también salen ganando, porque reciben inversión en educación, conocimiento y más oportunidades para su gente. Se trata de crear acuerdos de cooperación que puedan incluir retornos voluntarios, movilidad de profesionales o programas bilaterales que también ayuden a fortalecer las economías locales. Cuando la migración se hace de manera organizada y con un buen plan, puede ser una gran oportunidad para que todos crezcamos juntos. El titular «inmigración sí, inmigración no» refleja muy bien lo dividida que está la discusión sobre este tema. El problema real no es decidir si estar completamente abierto o totalmente cerrado. España necesita inmigración, pero, más que nada, requiere una inmigración legal que esté bien organizada y que se adapte a lo que necesita en lo económico y social. Invertir en formación desde el principio, usando fondos europeos y ligada a trabajos que realmente estén disponibles, puede ser una forma práctica de convertir un debate complicado en una política pública clara. Porque cuando hablamos de migración, la cuestión no es simplemente decir «sí» o «no», sino encontrar la manera de transformar un reto en algo que beneficie a todos. Ganar/ganar.

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