Diario de León

Álex J. García Montero

Leonesista Y Docente

Marquesinas (el fracaso del leonesismo el 15-M)

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Si algo tienen nuestros políticos es que viven una realidad paralela. Siempre les digo a mis alumnos que es imposible que un político pueda opinar bien sobre lo que es usar el transporte público si no lo usan e incluso tienen coche oficial (o plazas de aparcamiento reservadas en el centro) para sus desplazamientos. Lo mismo lo hago extensivo a cuando personas, incluso con buenas intenciones, hablan de crianza de los hijos o de aguantar en el matrimonio siendo célibes, como prestes, religiosos y religiosas.

Poco antes de las elecciones aparecieron las marquesinas rojas de la Junta modificadas con una leve desaparición en algunas del topónimo «Castilla», algo propio de una tierra que se resiste a formar parte de la Rumanía de España. Pensar que Castilla y León iba a estar entre las tres primeras comunidades españolas, es como decir que Rumanía o Albania van a estar entre las locomotoras de Europa. Pero también es cierto que, los que, con cierta regularidad, en mi caso diaria, usamos el transporte público, nos damos cuenta que las marquesinas renovadas del Ayuntamiento hacen aguas por todos los lados. Que la lluvia de los últimos meses impide que nos podamos sentar en ellas por estar encharcadas. Que el intercambiador de Eras también hace aguas (y sol de justicia en verano), y que las nuevas marquesinas de la Junta, además de ser bonitas y estéticamente muy correctas, no se mojan y son capaces de informar bien. Es decir, al ciudadano de a pie, le importan pocos los logos y mucho más la eficacia y la eficiencia de las inversiones públicas. Eduardo López Sendino, que lleva apoyando al alcalde desde que se construyó la Catedral (vitral arriba o vitral abajo), se mostró ufano de que se tacharan los topónimos alusivos a Castilla, pero estoy seguro que nunca dijo nada del desastre del mobiliario urbano instalado en León al efecto de proteger al usuario de transporte público. Tenemos pues al primer espada del leonesismo (con una seriedad a lo Illa, pero con menos ilusión que un caracol) que sus máximas propuestas pasan por el esperpento de fastidiar aún más Papalaguinda y poco más de alguna pasarela, por ahora, fallida. Qué decir de Luis Mariano Santos; acudí con mi hijo a la gran manifestación de Feve. Verle delante de la misma sujetando la pancarta como alcalde de Cistierna causó en mi desazón, cuando él y sólo él sabrá por qué sigue pactando con el PSOE de Puente y de Cendón en la Diputación, los mismos que quieren enterrar (literalmente) Feve. Cogía la pancarta como un mal subalterno en una capea de pueblo. Alicia Gallego. Recién aterrizada en la alta alcurnia del leonesismo. Poco que decir. Más que nada que la UPL ahora mismo es un páramo, un erial, un yermo. Y sin regadío. Lo preocupante es que el leonesismo ahora sí que ha tocado techo. No hay autocrítica alguna. Todos lo han hecho genial. A los leonesistas nos han insultado día sí día también no sólo de palabra por un «señor de Soria» (que repartió bendiciones de brocha gorda desde un ebúrneo vehículo) o un ministro de Valladolid. Cada manifestación leonesista o moción de autonomía han sido contestadas por una inversión centrípeta en la ciudad castellana y una desinversión en cualquier territorio leonés. Y con chulería. Y sí. De eso es cómplice la UPL. Las mociones pro autonomía han tocado techo. Da igual. Es otro «Pedro y el lobo» que no se tiene en cuenta más allá de un emotivismo vacío de agitar banderas. Lo dije hace tiempo. La UPL tiene que romper pactos con aquellos que no han cumplido. No puede gobernar con quien no va a cumplir. Debe centrarse en la Provincia de León. Y las mociones deben ser presentadas para demandar una autonomía uniprovincial. Debe centrarse en El Bierzo, sin la nefasta gestión de sus listas electorales a un mes de que se fijaran. Y, sobre todo, la UPL tiene que ser capaz de unir las sinergias de todos los leoneses con candidatos fiables que no se dediquen a apoyar subir impuestos en ciudades como León donde la gestión urbana es nefasta (un contenedor rebosante de mierda es fiel reflejo del equipo de gobierno) y que sean capaces de demandar una institución de autogobierno, centrada en la propia Diputación Provincial dentro de la propia comunidad autónoma de Castilla y León. Los cantos de sirena pro autonomía propia han muerto. Y la gente está hastiada y cansada. Finalmente. Mientras la UPL (o quien venga) no sean capaces de gestionar un liderazgo potente con un diputado en el Congreso de los Diputados que pueda establecer alianzas y sinergias con otros partidos nacionalistas (como hacen tanto el PP como el PSOE), el leonesismo seguirá siendo una ensoñación de quimeras hechas mociones pro autonomía. Y van… La UPL ha dejado el voto de cabreo en Vox. Y encima se muestra orgullosa de ello. La UPL y el leonesismo tienen la obligación de hablar de los problemas de los leoneses: vivienda, industria, educación, agricultura y ganadería, Mercosur, sanidad, autogobierno… unido a una clara apuesta por la identidad leonesa. Lo dicho. Cambio de paradigma. Autogobierno en vez de autonomía. Y, de paso, alguna dimisión también. Por cierto, aprovecho estas líneas para solicitar una marquesina, roja y con el «Castilla y León» a poder ser, en el final de Ramón y Cajal, enfrente del Molino Sidrón, donde somos muchos los usuarios a la intemperie frente a las inclemencias.

La UPL tiene que romper pactos con aquellos que no han cumplido. No puede gobernar con quien no va a cumplir. Debe centrarse en la Provincia de León

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