Diario de León

Juan Antonio Gómez Liébana

Asociación Para La Recuperación Del Bosque Autóctono-Arba

Centrales de biomasa. ¿Y nuestra salud?

Creado:

Actualizado:

La incineración de cualquier producto produce emisiones de sustancias que son nocivas para la salud humana y el resto de seres vivos, así como gases de efecto invernadero que aceleran el calentamiento global. Es por ello, por lo que tras cientos de informes científicos los gobiernos asumieron que era necesario reducir drásticamente las emisiones de GEI y por tanto la quema de combustibles fósiles, aceptando la necesidad de llevar a cabo una «transición energética».

Así, en los últimos años se han ido cerrando las centrales térmicas de carbón, pero en muchos lugares se han sustituido por centrales que queman «biomasa» (fundamentalmente madera). Sin embargo, la quema de biomasa es también una fuente de nocividad por la emisión de COV (compuestos orgánicos volátiles) en forma de partículas finas (PM 2,5) y ultrafinas (entre el 80% y el 90% de las partículas procedentes de estufas y calderas de leña tienen un tamaño inferior a un micrómetro PM0,1), que son muy peligrosas para la salud, ya que penetran en todos los órganos. Por otra parte, los COV reaccionan con otras sustancias en la atmosfera, oxidándose y formando aerosoles orgánicos secundarios (SOA) muchos de ellos también nocivos. Sin embargo, a pesar de esta evidencia, la Comisión Europea ha clasificado a la incineración de biomasa como sostenible y renovable, lo cual ha sido cuestionado por centenares de científicos. ¿La combustión de biomasa presenta riesgos para la salud? Si. Con la sustitución del carbón por la madera ya se sabe que cada año decenas de miles de ciudadanos de la UE mueren prematuramente como consecuencia de la exposición a la contaminación provocada por la quema de biomasa. Los efectos sobre la salud más conocidos son el cáncer, las afecciones cardíacas y respiratorias, la afectación al feto durante el embarazo, el bajo peso al nacer... Sin embargo, cada vez más estudios muestran también que existe un vínculo entre dicha exposición y un mayor riesgo de deterioro cognitivo, daño al desarrollo neurológico y demencia, esclerosis múltiple, degeneración macular y glaucoma, aumento de los niveles de inflamación, efectos sobre la coagulación sanguínea, etc. Investigaciones realizadas en EE UU demuestran que en 2008 los efectos sobre la salud de la contaminación atmosférica procedente de fuentes fijas se debían en gran medida a la combustión de carbón. Pero en 2017, los efectos sobre la salud de la combustión de biomasa ya eran mayores que los de la combustión de carbón y gas por separado, de forma que la biomasa pasó a ser la principal fuente de impacto en la salud por contaminación atmosférica de origen fijo en 24 estados. Sustituir una fuente de combustible contaminante por otra es engañar a la población. ¿Cómo es de nociva la exposición a las emisiones de la incineración de biomasa? Los estudios apuntan a que es mucho más nociva de lo que las autoridades nos dicen. Investigadores expusieron células de tejido pulmonar a emisiones de biomasa y del tráfico. El 75% de las células expuestas a los aerosoles de biomasa murieron a las 24 horas de la exposición, mientras que solo un 35% lo hacía al exponerlas a aerosoles procedentes del tráfico. Otro estudio encontró que el contenido de Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos era mucho mayor en el humo de la madera que en el del escape de los vehículos, por lo que sugieren que «existe un mayor potencial mutagénico y cancerígeno en el humo de la madera en comparación con el del tráfico». En la misma línea, otro estudio concluyó que «los estudios de toxicidad in vitro sugieren que no todas las partículas son iguales. Por ejemplo, las partículas del humo de la leña causan un mayor daño oxidativo en las células endoteliales del cordón umbilical humano y estimulan una mayor adhesión de los monocitos en comparación con las partículas de diésel». Otra investigación reciente encontró que las partículas del humo de la madera causan más daño al ADN que las del tráfico. También sabemos que el humo de la madera es más cancerígeno que el humo del tabaco. Así, la quema de 1 kg de madera libera tanto benzo(a)pireno como 27.333 cigarrillos. ¿Hay límites seguros a la exposición de contaminantes? La evidencia científica demuestra que incluso a niveles bajos de contaminación, por debajo de los estándares actuales, la contaminación del aire exterior está asociada con incrementos de la mortalidad, hasta el punto de que, por cada aumento en los niveles de partículas en cinco microgramos por metro cúbico, la mortalidad aumentó en alrededor del 13%. Es decir, científicamente no se pueden asegurar límites seguros. Tampoco hay «distancias de seguridad» para la exposición a estos tóxicos, ya que, aunque las investigaciones científicas suelen analizar la mortalidad asociada a los focos emisores de contaminación en radios de hasta cinco kilómetros, lo cierto es que se han encontrado tóxicos derivados de estas emisiones mucho más lejos, hasta distancias de varias decenas de km, lo que guarda relación con diversos factores, entre ellos los vientos dominantes y las características geográficas de la zona. Hay alternativas más saludables, que van desde reducir la temperatura de confort en nuestras casas, potenciar el aislamiento de los hogares, o utilizar sistemas basados en bombas de calor, o en electricidad. En esta línea, en lugares donde se sustituyeron experimentalmente estufas de leña por calentadores eléctricos, se logró una reducción de la mortalidad por enfermedades respiratorias del 28%, y del 20% por enfermedades cardiovasculares entre la población de la zona en estudio. Es decir, las centrales de combustión de biomasa, ya sea para producir electricidad, calor, o combustibles sintéticos para aviación, afectan negativamente a la salud de la población y al medio ambiente, por lo que no deben de autorizarse. Si la alternativa para tener este tipo de calefacción, o viajes en avión, es incrementar la mortalidad de la población, la elección es clara.

tracking