El lobby sionista en España
Hace unos días, la asociación Acom (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio) iniciaba acciones legales por injurias, entre otros, contra las presentadoras Silvia Intxaurrondo e Inés Hernand, los periodistas Antonio Maestre y Raquel Ejerique, así como los cargos de Más Madrid, Pablo Padilla y Eduardo Fernández Rubiño.
Días más tarde, esta misma organización señalaba en su cuenta en X a una serie de personas a las que, en tono jocoso, enviaba ¡saludos de la Guardia Revolucionaria Islámica!, a la vez que publicaba una foto de los altos cargos iraníes asesinados por Israel.
Entre los señalados figuraban destacados analistas políticos y periodistas, de todo el espectro político, como Carlos Paz, Josué Cárdenas, Koldo Salazar, Santiago Armesilla, Jasiel París, Ariel Umpierrez, Enrique Refoyo, José Mig Villarroya, Manuel García-Munté, Carlos Sánchez, Isabel Valero, Antonio Maestre, el abogado Luis María Pardo, Rubén Gisbert, el falangista Norberto Pico, el coronel Pedro Baños, la escritora Ana Iris Simón y el sacerdote tradicionalista Jaime Mercant Simó. En otro post los denominaba «crislamitas», por asimilación del término que en los Estados Unidos utilizan los sionistas para citar a presentadores como Tucker Carlson o Candace Owens, e incluía también al escritor tradicionalista Juan Manuel de Prada.
Podríamos preguntarnos ¿qué es lo que une a personajes tan diversos y con opiniones políticas tan divergentes? Pues, sencillamente, el haber criticado el genocidio de Gaza y denunciado ante la opinión pública como Israel tiene comprada o chantajeada, a través de los archivos de Epsteiin, a buena parte de la clase política, especialmente la estadounidense, lo que nos ha llevado a la actual guerra con Irán; algo que a Acom le incomoda.
Algunos de ellos, a través de sus redes sociales, consideraron este señalamiento como una amenaza de muerte o, al menos, como una advertencia intimidatoria por parte de esta organización sionista.
A semejanza de la Aipac (Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel), el lobby judío que domina la política norteamericana, en España existe Acom, organización fundada por David Hatchwell en 2007, con la finalidad de «fortalecer las relaciones entre España e Israel y luchar contra el antisemitismo, trabajando con gobiernos, partidos y la sociedad civil».
Este empresario judeo-español, que es uno de los grandes donantes de la campaña de Netanyahu, así como «padrino político» de Isabel Díaz Ayuso, preside también la Fundación Hispanojudía, que el mismo fundó junto con Alberto Ruiz-Gallardón. Junto con el también empresario judío-argentino Martín Varsavsky, está considerado el mayor activista del sionismo en España.
Acom tiene ramificaciones en la alta política española y, aparte de los nombres citados, en su fundación aparece en prestigioso bufete de abogados Cremades & Calvo-Sotelo.
Aunque el caballo de Troya sionista por excelencia en España es Vox, destacando especialmente su líder, Santiago Abascal, así como los eurodiputados Hermann Tertsch y Juan Carlos Girauta, el sionismo está presente en todo el espectro político, desde en nacionalismo catalán, que incluye a Pilar Rahola, Carles Puigdemont o incluso Silvia Orriols, hasta el Partido Popular, donde destaca José María Aznar, sin que el actual líder, Feijoo, se quede atrás.
Destacan también periodistas como Eduardo Inda o Javier Negre, influencers como Jano García o Lucía Etxebarría y economistas como Daniel Lacalle.
Aunque la izquierda, incluidos los socialistas, han venido condenando a Israel, no resulta demasiado comprensible el cambio de postura respecto al Sahara, máxime teniendo en cuenta que el gran aliado de Israel en el norte de África es Marruecos.