Diario de León

Héctor-Luis Suárez
​investigador de la tradición, antiguo mozo del barrio

Investigador De La Tradición, Antiguo Mozo Del Barrio

El laurel romano de la Legio VII sucumbe al viento y ¿ahora qué?

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Junio de 1968, a XIX siglos de la creación por Galba y posterior llegada a este territorio de la romana Legión VII Gemina, única en la península hasta el fin del imperio, en nuestra ciudad hubo conmemoración. ¡Y vaya si hubo!, se notó y dejó huella. Numerosos actos tuvieron lugar y hubo hasta una serie de sellos de correos.

Así, en la plaza de San Isidoro —barrio de Santa Marina—, junto al palacio del Vizconde de Quintanilla y el solariego Colegio Leonés, entonces vulgo «Colegio Belinchón», se retiró el monumento conmemorativo a la guerra civil. Motivo: ubicar una enorme columna romana conmemorativa del evento, con capitel corintio y que el pueblo denominó «columna trajana». Esta, a sus pies reproducía datos de su porqué y la estela fundacional de la Legio VII junto a su traducción, como puede comprobarse. Para el acto, asistió el mismo alcalde de Roma que, como símbolo de hermanamiento, plantó en «jardinín» anexo un laurel traído de la ciudad eterna.

Tristemente y por culpa de los «idus de febrero», se ha truncado parte del ya grande y lustroso laurel —el resto ya había sido cortado—. Vía prensa, me he enterado. Disgusto para mí y probablemente para muchos paisanos y vecinos del barrio. Ese arbolín nos ha acompañado muchos años y hasta nos ha servido de condimento.

Como anécdota de vínculo personal —y discúlpeseme la auto cita—, allá a inicios de los 80 y al volver para casa desde el «futbolín de Manolo» —a la vuelta de la esquina—, por casualidad me topé con la brigada de jardines adecentando el «jardinín». Un paisano de la brigadilla y conocido del barrio, se disponía a cortar las dos varas del laurel al pensar que se trataba de maleza. Le indiqué su realidad e importancia, advirtiéndole ante lo que se proponía a hacer. Aunque se mosqueó por el comentario —de «tipo inspector de obras jubilado»—, receloso, interrumpió su acción y por precaución, pidió instrucciones y… como él me decía días más tarde, «menos mal, ¡la que me hubiera caído!». Ahora nadie ha podido salvar este monumento natural del fin de su ciclo vital.

No sé si debido a aquella casualidad o por simple encariñamiento con todo lo que rodea a mi biografía, me he ocupado y escrito sobre este árbol del barrio en varias ocasiones. Por ejemplo, en el diseño inicial que realicé para las primeras «marzas», donde ocupó un referente punto vegetal y estación para el canto; glosé también su figura en mi pregón de las fiestas de su barrio de Santa Marina hace unos diez años; en varias ocasiones en el FB de Amigos del Barrio he colgado menciones a éste y al otro monumento natural en el mismo y casco antiguo de León: el tejo de «Luis de Cos», por suerte, a salvo hace décadas en el jardín del Cid.

Entiéndase por favor que a esta reflexión y comentario público me mueve la tristura y no un ánimo de autoerigirme públicamente de algún modo defensor de esta causa, aunque todo pueda apuntar a tal objetivo. Y es que, siempre —menos en esta Semana Santa, en que no he pasado más que una vez a su lado y sin reparar en su ausencia por la premura para ir al traslado del Dainos—, el «arbolín» como seguro a tantos, me ha robado un vistazo como algo familiar. Y me consta, no soy el único, ¿verdad Andrés Trapiello o Belén?, vecinos o nacidos en el Palacio que lo enmarcaba, o Marcelo y los de las calles Sacramento, F. Regueral, Descalzos, Corral San Guisán y que seguís este caralibro Fb. Y sí, en mi caso, siempre estaba la «güeyadina»/ojeadina, salvo el pasado viernes de Dolores y ¡mira tú!

¿Va a tener el asunto cierto eco social y acciones concretas? pues, hasta ahora, ni siquiera muchos de los más cercanos habíamos reparado en el hecho. Se me ocurren colectivos, instituciones y asociaciones a las que podría corresponder opinar, intervenir o, al menos, pudiera llamar su atención para interesarse por el asunto: el propio Ayuntamiento, la Junta, o hasta la Embajada Italiana a través de sus cauces oportunos, sin olvidar la Universidad, la Fundación Marqueses de Quintanilla, asociaciones de vecinos y cofradías del barrio o los siempre voluntariosos Promonumenta y los recreadores romanos del Natalicio del Águila, entre otras y solo por citar algunas relevantes.

Pero, en concreto, ¿qué va a hacer, poder o intentar hacer, el Ayuntamiento al respecto? Se trata de un asunto histórico, de mayor trascendencia que la aparente, dado el origen del mismo. Se me ocurre que, además de responsabilizarse en cuidar los brotes verdes que, parece, hay en el tocón, ¿pudieran pedirse otros árboles a Roma?

Aunque suene mal, ha sido una pena que esto no ocurriera el pasado año pues, tanto nuestro alcalde como representantes de otras instituciones, estuvieron en Roma por el tema del Nazareno. Pero ¡ojo!, quedan los contactos hechos y, hasta hipotéticamente, tal vez, se pudiera plantear repetir un acto honorífico de ratificación de hermanamiento bimilenario. «¡Huuuuy!, menudo jaleo proponéis...», pensará alguno. ¿Nos quedamos con «la nada», junto a aquello en lionés de «tal día hizo un año» ¿»d»güei nun añu»?

Buen sitio para iniciar una puesta de manifiesto de disconformidad sería el FB de Amigos del Barrio de Santa Marina. Pero, disculpadme, me da que entre sus lectores y más allá de los habituales intervinientes, no sé si alguien se tomaría unos minutos para testimoniar incomodidad o pena. Veremos, tanto en las apuntadas como en las acciones institucionales. No obstante y sin perder el optimismo ingenuo y cósmico, permítaseme ser algo escéptico para «laureles romanos del Cesar» por aquella Legio VII que nos dio nombre, con columna anexa y en ella su «signifer» con piel animal sobre la cabeza y el «signum».

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