Diario de León

Pedro D. Bahíllo

Agente Medioambiental. Licenciado En Psicología

Jesús Calleja y el Localleja Legionensis

Y lo curioso es que lo logran juguerreteando, graban y juguerretean, preparan micros y juguerretean, buscan escenas y juguerretean, como si todo fuera una fiesta

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Las situaciones extraordinarias provocan que recordemos hasta los detalles más insignificantes, por eso nadie olvidará si se encontraba fregando los platos o comiendo pipas un cuarto de siglo después de que dos aviones se estrellaran contra las torres gemelas. Tampoco podré olvidar yo el día en que me encomendaron un informe de los de no admite espera (léase inquina o mal querer del jefe) con cantos rodados, barro, lluvia y frío en mitad del monte, así como sus detalles menos sorprendentes: un rama cruzada en el camino, una cruz pintada en un árbol y a Jesús Calleja de aventuras tal día como aquel explorando Dios dirá.

Se me quedó mirando y, con esa gracia suya, logró que me comprometiese en un loco proyecto del que poco voy a decir. Eso me permitió diseccionar y catalogar al bicho del que se nutre para dar magia a su conocido programa Volando Voy. Hoy me propongo desvelar su secreto. Al bicho le he puesto como nombre de especie legionensis, por su lugar de procedencia y el contaste barrer para casa de Jesús; como género he optado por localleja, género nuevo por mí descubierto. El localleja es un animal colmenario, así lo defino porque resulta muy difícil saber si se trata de uno o es múltiple (¿qué conforma el organismo, la abeja o la colmena?) y es, además, bicho hermafrodita, tan hembra como macho. De ahí que mal se le pueda llamar los calleja o las calleja o el calleja o la calleja, y acabe optando por el artículo neutro lo. Tal vez tú, menos versado en animales complejos, veas personas individuales; no lo son en equipo, puedo asegurártelo: el localleja es un bicho único, un solo organismo formado por muchos universos: el Universo Calleja (salsa, piel, sustancia y pegamento), el universo Marieta, el universo Sergio, Bea, Paula, Anca… o lo que es lo mismo: Guión, cámaras, dirección… con un mismo alma, voluntad y lazo. Yo lo puedo asegurar porque después del pequeño favor que me pidió Jesús para su programa, el bicho me fagocitó y me trasladó a una de esas experiencias solo comparables al primer amor de alcoba (sin tener absolutamente nada que ver), ese compartir físico, espiritual, esa entrega y recibimiento, un fundirse en el que después de volcar tus positivas tensiones, deseos, expectativas en el otro, el localleja en este caso, acabas sintiéndote como vacío. No sé cómo se lo montaron pero de un favor acabaron sacándome hasta la médula y me dejaron con la pequeña melancolía de saber que no volveré a vivir algo así y que, todos ellos, cada uno de ellos, me ha nutrido con algo nuevo y fascinante. Aún estoy asimilando tan largo periplo en la puerta de mi casa. Cuando creas que has descubierto al localleja, realmente el localleja te descubrió a ti. El localleja es animal astuto, observador que acecha donde menos te lo esperas; te busca y absorbe; rastrea tu esencia, tu frescura, tu punto original; se interesa por tu oficio, vida, casa, sentimientos y todo, todo lo fagocita y vuelca al mundo a través de la pantalla. El localleja sabe moverse con cautela, ganar voluntades, lograr y mostrar proyectos y todo a través de su misma esencia y mirada: la del Jesús Calleja de poca carne y hueso. Tal vez por eso, la mayor virtud del Localleja es la misma capacidad de ponerle trampas a Jesús. Jesús se nutre de y nutre al bicho, y siendo la misma cosa, el bicho debe programar sin que Jesús pierda su esencia. Normalmente el bicho lo sigue y graba en su gracejo e interacciones, pero también es necesaria cierta programación y pequeñas trampas sin que el Jesús de hueso y alguna carne deje de ser él mismo. Digamos que a Jesús se le capta como a los animales de un documental. A veces sin artificio y otras preparando un cebo. Si viéramos un documental sin esa pequeña programación, nos pasaríamos horas y horas observando a un león bostezar, a un halcón dando vueltas en círculo o a un calleja volviendo piedras buscando un Dios sabe qué. Por eso, si Rodríguez de la Fuente vio necesario atar la paloma que cazaría el águila perdicera o colocar una cabra donde volaría la real, el bicho necesita sacar a Jesús un poco de sus piedras y viajes estelares para provocar que tropiece en alguna curiosa interacción mundana. Y es ahí donde está el arte del bicho, igual que Rodríguez de la Fuente dominó la cetrería para que águilas y halcones siguieran salvajes y no mansas mascotas, el bicho debe dominar espacio, tiempo y buscar presas-personajes para que su esencia Jesús no pierda una pizca de espontaneidad. Llegados a este punto, voy a mostrar algunas partes diseccionadas por mí, advirtiendo al resto del bicho, si es que lee este artículo, que si no las describo a todas es por mera falta de espacio y no de interés. La primera vez que lo vi en Médulas pasaba desapercibido con el aspecto de una mujer con grandes pendientes de gitana granadina. La soltaron como a una paracaidista a ganar voluntades y algún sortilegio conocería para lograr convencer al presidente de Médulas, hombre en un principio de trato difícil, aunque buen fondo, que se define por el grabado de su mochila: «Si vienes a j… puedes irte a tomar por c…». Si la gitana granadina va preparando el camino, un hombre de aspecto ensimismado pero buena escucha, afable, y capaz de guardar la templanza aunque prácticamente lo estén invitando a irse donde la mochila indica, va imaginando circunstancias, secuencias, historia… ¡Ya tenemos al guionista! Luego aparecen todos, a la vez, y se abaten sobre sus presas para sacarles el alma con cámaras y micros. Y lo curioso es que lo logran juguerreteando, graban y juguerretean, preparan micros y juguerretean, buscan escenas y juguerretean, como si todo fuera una fiesta. Pero incluso en la más mínima parada tienen a una mujer-tesón que parece decir con su silencio: «¡Mirad a ver si mientras descansáis, vais picando la leña!». También está el superyó Freudiano, mujer que dirige, vigila y pone límites para evitar el desmadre de tanta espontaneidad, la Pepito Grillo imprescindible en el control de excesos sin la cual todo Pinocho acabaría con un narigón que no habría cómo mirarle a la cara… Me gustaría continuar pero por falta de espacio finalizaré con la Yogurina del grupo. Joven preocupada por que las trampas a Jesús, la programación y repetición de escenas, en definitiva todo lo organizado, puedan alejarnos de lo real. Mujer que se identifica, supongo que como todos, con el «The Show Must Go ON» de Queen, porque sabe que debe continuar con la magia que veremos en pantalla incluso en esas ocasiones en que, como todos, sienta que su corazón está a punto de quebrarse. Ya sabéis que

Volando Voy ha regresado al Bierzo; yo he tenido el privilegio de conocer a quienes se sitúan detrás de la cámara.

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