Diario de León

Sheila Fernández

Secretaria De Educación De Unión Del Pueblo Leonés (Upl)

El golpe a la educación: desprecio social, ceguera política y falta de unión

Es desolador el desprestigio que sufre nuestra profesión. Se está golpeando directamente los cimientos del futuro de esta tierra. Es hora de despertar y exigir respeto a la escuela pública

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Hace unos días, una maestra jubilada que ejercía su derecho a manifestarse de manera pacífica fue empujada por la espalda por un policía antidisturbios. Al no poder prever el impacto, cayó al suelo y se rompió la nariz. Este acto de violencia física, brutal e injustificable, es también una dolorosa y certera metáfora de cómo se trata hoy en día a los profesionales de la enseñanza.

El golpe que recibió esa compañera contra el asfalto es el mismo que recibe a diario nuestro colectivo en la plaza pública de la sociedad y en los despachos políticos. Basta asomarse a las redes sociales para encontrar un torrente de críticas furibundas cada vez que los docentes alzamos la voz. Se nos juzga, se nos infravalora y se nos menosprecia, reduciendo el debate a un ataque simplista sobre nuestras vacaciones o nuestros horarios. Ignoran por completo que cuando salimos a la calle exigimos condiciones para poder hacer bien nuestro trabajo: bajar las ratios, reducir la burocracia, acondicionar los centros y, muy especialmente, dotar a las aulas de más profesorado para la atención a la diversidad. Sin embargo, este desprecio no es solo social; también es institucional. Esta misma semana hemos visto cómo los acuerdos alcanzados entre PP y Vox para formar gobierno en Castilla y León, nos dan la espalda por completo (para sorpresa de nadie). Su pacto no incluye ni una sola medida relacionada con la atención a la diversidad, ignorando de manera flagrante a los alumnos con necesidades educativas especiales (NEE). Además, plantean un rodillo de medidas a nivel autonómico que trata a toda la comunidad por igual, sin distinguir las enormes realidades y carencias específicas que sufre cada provincia y sin tener en cuenta que está comunidad está formada por dos regiones, la castellana y la Leonesa (aunque algunos se empeñen en eliminar la y). Ante este escenario de ninguneo continuo, confieso que siento una profunda envidia. Envidia al ver cómo el colectivo de docentes en la Comunidad Valenciana se ha unido en bloque para ponerse en huelga y defender la dignidad de sus aulas, igual que lo hicieron nuestros vecinos asturianos el curso pasado. Echo mucho de menos esa capacidad de movilización y defensa colectiva entre los docentes de la Región Leonesa y del conjunto de la comunidad. Parece que nos cuesta entender que si no nos plantamos nosotros, nadie nos va a defender. Como maestra desde hace veinte años, y tras once dirigiendo un colegio —una trayectoria que me ha demostrado cada día que el éxito de un centro se sostiene sobre el trabajo en equipo de toda la comunidad educativa—, conozco bien el peso que sostenemos. Educamos, formamos, ayudamos y ejercemos de enfermeros, psicólogos o asistentes sociales. Es desolador el desprestigio que sufre nuestra profesión. Quien menosprecia a un docente, quien lo empuja en una manifestación o quien redacta acuerdos de gobierno ignorando a los alumnos más vulnerables, está golpeando directamente los cimientos del futuro de esta tierra. Es hora de despertar, de unirnos y de exigir el respeto que nuestra escuela pública merece.

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