Diario de León

Gonzalo Garcival

Periodista Y Escritor Leonés

ZRP: ¡vamos, que ni los Arfe!

Recordar que falleció en Barcelona José Luis Robles, nacido en Sabero, representante de una de las más importantes firmas de joyería europea

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Ahora que muchos hacemos leña del árbol caído, hemos de aplaudir la decisión adoptada por el rectorado de que la ULE de estudiar la retirada del doctorado honoris causa a su antiguo y eventual profesor José Luis Rodríguez Zapatero (ZP), una distinción otorgada tal vez por figurar en el ranking de leoneses con mayor proyección planetaria de todos los tiempos (¿detrás, supongamos, de Guzmán el Bueno o de Buenaventura Durruti?...). Porque el caso de ZP, convertido hoy en un felón hombre de negocios con trapacerías «en todos los mares del uno al otro confín», en definición de Espronceda.

En ocasiones anteriores dejamos constancia, cuando no comparanza, de este tonto —tonto, cómo no, muy sui generis— y más que aprovechátegui con paradigmas de la literatura universal, y más tonto que el que asó la manteca, como émulo de aquel Novoa de Cacabelos que juraba haber resuelto el insoluble problema de la cuadratura del círculo, en el estéril intento de despejar imposibles metafísicos como la autotitulada Alianza de Civilizaciones, o esa Ley de la Memoria Histórica aspaventada con la muerte de su abuelito, el capitán de Infantería Lozano, con intencionado olvido de los numerosos abuelos asesinados y/o represaliados en el bando contrario. Valiente pelafustán que sostiene que la Nación es un concepto «discutido y discutible»; es decir, lo mismo que él. Por lo demás, no sé cómo se le ocurre a este hombre beneficiar una mina de oro en Venezuela pudiendo buscarlo mucho más cerca de casa, pongamos que en Las Médulas. Babayo como pocos: con este calificativo extraído del vocabulario asturleonés le gustaría llamar también a ZP el recordado periodista de Busdongo, José Luis Gutiérrez. Una de las facetas hasta ahora desconocidas de ZP es su afición a la joyería, fruto tal vez de cierta admiración por nuestros paisanos los Arfe (Antonio, Enrique, Juan), príncipes de la orfebrería española, a base de atesorar piezas —auténticas o falsas, eso ya lo veremos— que se cree podría quintuplicar el valor material de la monumental Custodia procesional del Corpus Christi toledano. Se dice incluso que alguno de esos collares cuajados de pedrería multiplicaría el valor del legendario Cáliz de Doña Urraca. (Déjeme el lector abrir un paréntesis para recordar que hace unas semanas falleció en Barcelona José Luis Robles, nacido en Sabero, representante exclusivo para España de las más importantes firmas de la joyería europea). A propósito de este riquísimo joyero incautado a nuestro compatriota, no menos acaudalado en su rol de especulador inmobiliario, debo reseñar que periodistas de los medios de mayor cotilleo han escudriñado en el inventario de esas fabulosas piezas tratando de identificar de entre todas —que son decenas— aquéllas que hubiera llegado a lucir alguna vez en público la entonces

primera dama de La Moncloa, o seala esposa abulense de ZP, Sonsoles Espinosa, madre a su vez de esas otras dos alhajas que son sus hijas Alba y Laura Rodríguez Espinosa, naturalmente. Y a seguido paso a contarles una curiosa anécdota de esta ilustre consorte que tiene —o ha tenido— una sentida vocación canora, anhelo que en cierta medida nos remite a la mujer del ‘Ciudadano Kane’ en la insuperable película de Orson Welles, para la cual su enamoradísimo marido levanta un teatro de uso estrictamente personal; para oirse a sí misma. Como se ve en dicha película, la aspirante a diva acaba aburriendo a su profesor particular de canto y acaba mandándola a freir espárragos. Bien, pues algo parecido le ocurrió en Madrid a S. E. con un enseñante particular, cantante y corista profesional —casualmente de origen leonés— con miras a ocupar plaza en agrupaciones corales donde poder desarrollar sus cualidades como cantatriz. Pero la alumna, nada satisfecha con las lecciones recibidas, debió de oír de su preparador algo así como esto: «De acuerdo: pues entonces, ¿por qué no se va usted mejor a perfeccionarse con doña Lola Rodríguez de Aragón» (a la sazón la más prestigiosa profesora de la disciplina vocal en nuestro país). De cualquier manera, Sonsoles logró actuar en público en bolos del Coro del Teatro Real y tal vez de algunos otros conjuntos relacionados con la música lírica. Y ya metidos en conjeturas y apuestas varias en torno a este serial protagonizado por este genio de la mediación a escala planetaria, nada me extrañaría que su cónyuge dispusiera en cualquier momento de una de las ‘baratijas’ del joyero actualmente en cuestión para aparecer en escena, en el papel de Margarita en la ópera

Fausto (1859), de Charles Gounod, cantando su celebrada Aria de las Joyas (...«Ah, je ris de me voir si belle en ce miroir»...). ¡Pues qué risa, tía Felisa!

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