Diario de León

Manuel  I. Tejerina

Profemérito De Secundaria

Todos somos diletantes

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Diletante es una palabra bonita, pero cuyo significado no sabe o confunde mucha gente.

Si vamos al diccionario nos encontramos la etimología del italiano: que se deleita. Y, ¿a quién no le gusta deleitarse con algo? Por eso todos somos en mayor o menor grado diletantes. Yendo a las acepciones nos encontramos: Conocedor de las artes o aficionado a ellas. Aquí nos vamos a quedar, al menos, con la segunda parte. ¿A quién no le gusta algún tipo de arte en el más amplio sentido de la palabra? El que cultiva algún campo del saber o al menos se interesa por él, como aficionado y no como profesional. Aquí estamos todos, de una u otra forma, ya que el saber no tiene límites. Uno puede saber de las cosas más variadas, desde lo que se considera cultura, casi siempre relacionada con las letras, hasta saber de deporte, aficiones, etc. Por ejemplo, se ve rápidamente en los alumnos. A algunos, los menos, parece que les interesa todo. En cambio, a otros que da la sensación que no les interesa nada académico, sin embargo, pueden ser expertos en el Real Madrid o el Barcelona, por ejemplo. Son grandes diletantes de lo suyo, como casi todos lo somos de algo. Es un poco más difícil encontrar entusiastas de la ciencia, aunque sí creyentes en ella. Más que en la religión, incluso, lo que antes era más frecuente. Y no digamos los que dicen no creer en nada, y al final acaban creyendo en todo. El que cultiva una actividad de manera superficial o esporádica. Todos conocemos a alguien que se aficiona a algo mucho, pero no persiste y cambia continuamente de afición. Es esta una acepción peyorativa de diletante, que se suele emplear mucho, en el peor sentido de la palabra. Luego hay dos tipos de diletantes. El acomodado, que hace en cada momento lo que le apetece y tiende a la vagancia. Ahí nos encontramos los grandes perdedores… de tiempo. Como lo da Dios de balde. Y el diletante como actividad profesional, que tiene que espabilar para ganarse las habichuelas, como dice Andrés Trapiello. Esto suele hacer personas más prácticas, mientras que lo primero atonta y a veces se espera que los papás biológicos o papá estado, les solucionen la papeleta. Para acabar citaré a un gran diletante, que descubrí en la marca de un vino de León: el conde de Gazola, que coincide con el Cuartel de El Ferral, por donde tantos pasamos cuando era centro de instrucción de reclutas. Félix Gazzola, diletante, militar y aristócrata con Carlos III nacido en Italia en 1698 y muerto en Madrid en 1780 tras una vida apasionante de arqueólogo, militar eficaz y hombre ilustrado. Fundó el Colegio de Artillería de Segovia, de gran altura científica. Se rodeó de los mejores profesores como el jesuita Antonio Eximeno. Y para decorar el Palacio Real, pintado por Tiépolo, trajo a los mejores artistas napolitanos. Un hombre inteligente y gran «diletante.» Yo quiero ser de estos, a los que admiro. Pero no todos somos iguales, aunque nos lo vendan. Y muchos «sabemos de todo», pero no destacamos en nada, lo que conviene reconocer en una cura de humildad. Pero todos somos diletantes, de una u otra acepción. Buen mes del Sagrado Corazón. ¿Por dónde empiezo? Como le gustaba comenzar el día al santo obispo de Palencia Manuel González.

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