Diario de León

Manuel I. Tejerina

Profemérito De Secundaria

Desde el viejo Reino: de León a León XIV

España es aconfesional, pero no laica y ahí están los vestigios de 20 siglos de fe: catedrales, monasterios, ermitas…

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Acabamos de vivir un viaje singular del Papa León XIV a España en junio de 2026. El primero que realiza como pontífice, ya que había venido en varias ocasiones, incluso a León, como agustino. Me imagino que entonces ni se le pasaría por la cabeza ser Papa. Incluso comentaba algún cardenal en el cónclave, que no hay que estar en sano juicio para anhelar semejante responsabilidad. No hay más que repasar el programa realizado para darse cuenta de lo que supone para un «joven de 70 años», aunque esté en buena forma. Actos sin fin en una semana, que se concretan en 163 páginas de discursos, alocuciones, homilías, etc. Ahí están para poderlas revisar, meditar, criticar los menos adeptos…

Concretando diremos que León también estuvo allí. Como personas particulares y como Diócesis, además de la vecina de Astorga, a la que también vimos. Es verdad que era más cómodo y se veía mejor incluso en la Tv, pero no es lo mismo, como ocurre en cualquier acontecimiento: concierto, partido o algo que nos deleite. Porque diletantes somos, de una u otra forma. Un primer acontecimiento era la vigilia juvenil del sábado 6. Momento importante. ¿Medio millón de jóvenes? Las cifras son difíciles de calcular, pero no es lo más importante. Allí estaban disfrutando, en su mayoría, la Pastoral juvenil y los más de 100 de la unidad Nª Sra. del Mercado y San Martín, con sus correspondientes responsables y catequistas. Las dificultades nunca faltan. Una, en estas aglomeraciones, es que el sitio asignado puede estar ocupado o no se puede acceder y te mandan ir a otro lado, por el que tampoco puedes entrar. Pero todo se va solucionando. Cuestión de paciencia, que es la madre de la ciencia. Y no digamos de la ciencia de Dios. Esto cabrea, pero también educa y nos hace más pacientes. A veces. El domingo 7, Eucaristía del Corpus con procesión. Los que no estábamos allí, teníamos que madrugar, ya que el millón esperado iba a complicar la cosa. Otros dos autobuses. A las 5, las 4 y finalmente a las 3, para llegar a buena hora, estacionar y coger el metro. Todos como un solo pueblo tras la bandera inconfundible con el león. Alcanzada la calle Prim, para entrar con nuestro código QR, la policía dice que no se puede. Que vayamos a otra entrada. Visto lo sucedido con los jóvenes ayer, se optó, como buenos cazurros, por no movernos de allí, hasta conseguir entrar. Era cuestión de tiempo y aguante. Hasta el punto que algunos otros se fueron, pero unos andaluces nos dicen: nos apuntamos con los de León. Emoción pura que tiene su premio: un buen sitio en Recoletos, frente a una pantalla y a la sombra. ¡Qué más se puede pedir en Madrid! Escuchando la Palabra de Dios, homilía del papa y participación del Cuerpo de Cristo. Un buen colofón al esfuerzo realizado. Toca deshacer el camino en el metro y llegar a la estación de Pitis, donde nos esperan nuestros buses. Es la hora de los bocadillos. El tiempo no castiga demasiado y hay que volver. Un poco de reposo y oración de vísperas para acabar el largo día. Mereció la pena el madrugón. Bonita forma de empezar el día. Pero el directo es el directo y nos ha dejado importantes palabras para reflexionar, seamos creyentes o no. El mundo está crispado y necesita paz y concordia, tan difícil. Es cierto que muchas veces no estamos a la altura de las circunstancias. Pero Dios que es amor, «nos quiere como somos, aunque quiere que mejoremos», como les dijo León a las internas de la cárcel de Barcelona, donde también estuvo nuestro obispo Luis Ángel. Y como colofón Canarias, donde tantas personas llegan, víctimas de tantos que se aprovechan de ellas. Pero no podemos olvidar que son personas. Y alégrate, que Dios existe y no eres tú, ni siquiera el Papa. Pero siempre con el Papa, que es el adecuado en cada momento y mantiene la unidad católica. España es aconfesional, pero no laica y ahí están los vestigios de 20 siglos de fe, que se dice bien: catedrales, monasterios, ermitas… y sobre todo las piedras vivas, que somos los fieles, con nuestras luces y nuestros pecados, pero no olvidando que sólo Dios es bueno.

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