Incendios y rayos laser
Justo donde más población se ha perdido, donde antes se sacaba el carbón, es donde más masa forestal concentran los montes y se necesitan operativos permanentes

Vivimos tiempos convulsos y de incertidumbre, donde podemos esperar cualquier acontecimiento inédito hasta la fecha, no sé si hasta el punto de una invasión extraterrestre, aunque vete tú a saber. Luego también se producen sucesos que, aunque no sean esperados por sus dimensiones, si lo son por las circunstancias. Y es que, en el asunto de los incendios, llueve sobre mojado o dicho de otra manera, arde sobre quemado.
La premisa sería la aceptación de la realidad actual y del cambio climático que salvo terraplanistas con representación en varias administraciones, es un hecho aceptado por la mayoría de los seres que caminamos por el planeta, a dos piernas o cuatro patas. Negacionistas que solo se limitan a sacar rédito de los problemas y a proponer soluciones de «brocha gorda». A partir de esa aceptación de realidad climática, el siguiente paso es asegurar la supervivencia de las personas y sus patrimonios, personales y naturales. Y para ello es indiscutible que la palabra clave es prevención. Prevenir «cura» mucho más y suele salir más barato. Las comunidades autónomas han cometido el error de hacer recortes importantes en prevención de incendios en años siguientes a los que había habido poca incidencia, haciendo insuficiente la respuesta cuando se producían incendios importantes y recurriendo a gasto extra en medios de extinción con empresas privadas. Desde CC OO de Castilla y León, este pasado diciembre, hicimos pública una propuesta de gestión contraincendios para la comunidad que, más allá de lo económico, donde se planteaba incluso un ahorro con respecto al propio de la Junta, se hablaba de modelo. Un modelo que debe apostar por hacer de éste un operativo público, con condiciones laborales dignas para el sector y permanente, trabajando en prevención. Entendido como lo que debe ser, un servicio público de primera necesidad y no un negocio. Y ahí, en la parte que nos toca como comarca en «transición», podríamos poner sobre la mesa otra posibilidad (una más) de plantear esa permanencia como una oportunidad para establecer operativos permanentes en zonas donde se necesita mantener población. Justo donde más población se ha perdido, donde antes se sacaba el carbón, es donde más masa forestal concentran nuestros montes y tendría sentido esa implantación, o al menos más que hacerlo en las llanuras castellanas. También sería necesario hablar del modelo de gestión de nuestros montes y del aprovechamiento de estos. Crear la sensibilidad suficiente para sentir como nuestro el paisaje que nos rodea. Para ello es indispensable la coordinación de todas las administraciones y entidades locales, cada una en su responsabilidad y con el objetivo claro del bien común, por encima de chantajes en cualquier acuerdo de gobierno. En definitiva, adaptar la realidad a la necesidad propia para esa recuperación necesaria de nuestros pueblos en las cuencas. Las personas que habitan en los pueblos, en su mayoría nuestros mayores, no se merecen ver cómo se queman sus paisajes, sus recuerdos, su memoria. Eso sí, sería difícil asegurar el éxito de la gestión si apareciesen drones en los cielos disparando rayos laser a nuestros bosques o dragones echando fuego (con perdón) por el culo. Ahí no tendríamos ya nada que hacer.