Son soldados
Recientemente un hacker, que se hace llamar Jabaroot, acaba de filtrar en Telegram una enorme base de datos con información, fotos incluidas, de unos setenta mil supuestos policías y miembros de los servicios de seguridad e inteligencia de Marruecos. Una ingente cantidad de información que va a llevar tiempo procesar, incluso con IA, pero que está dando ya sus frutos. Así, algunos ya identifican y, la verdad sea dicha, se parecen mucho, a un conocido influencer marroquí en España (Mohamed y punto), que defiende la integración, con un agente de su país cuyos datos aparecen en la filtración.
Hay muchas teorías acerca de quién puede estar detrás de este grupo de hackers, incluso una de ellas sostiene que se trata de un lobo solitario, muy probablemente un antiguo agente de la inteligencia del Majzén. El caso es que, en una posterior comunicación, Jabaroot también anunció la próxima publicación de más información sobre los chantajeados por los servicios secretos marroquíes a través del software Pegasus, para deleite de los conspiranoicos. Al haberlo anunciado, no creo que llegue a hacerlo. Probablemente lo que pretenda sea cobrar para no publicar más información. Por su parte, al parecer, la Guardia Civil también identificó a varios agentes del reino alauita entre los «inmigrantes» que asaltaron Ceuta a finales de julio pasado. Si a esto le unimos los vídeos que nos muestran a los agentes de la gendarmería marroquí alentando a los jóvenes a subir a los camiones (un transporte que parece perfectamente organizado) que los transportarían a la frontera, así como las continuas amnistías del rey de Marruecos para vaciar las cárceles, podemos pensar que este asalto fue meticulosamente preparado por el reino alauita, como también lo fue, en su día, la Marcha Verde sobre el Sáhara. En ambos casos estamos hablando de una operación de guerra que tiene como objetivo último la conquista de un territorio. No se trata de una guerra convencional, con soldados uniformados, unidades motorizadas, aviación, ni nada por el estilo, pero el objetivo es el mismo y las personas utilizadas para llevarla a cabo son ese mismo tipo de carne de cañón a la que se le podría poner un uniforme, darle un fusil y mandarla a primera línea, sin que a su Estado le importe lo más mínimo si muere o no, como no le importaron a Marruecos los aproximadamente ciento cincuenta muertos que se han producido desde finales de julio. Esta acción contra Ceuta pertenece a esa categoría que ahora se ha dado en llamar «guerra híbrida». Esto es, la utilización de métodos no convencionales para desestabilizar al país adversario, pero sin llegar a una guerra formal. Teniendo lo anterior en cuenta, los marroquíes, o de otras nacionalidades, que ingresaron ilegalmente en Ceuta, al amparo de esa cobertura, y con la ayuda del Reino de Marruecos, no pueden ser considerados ni como inmigrantes ni como refugiados, sino simplemente como soldados. Unos soldados enviados al frente por un país a quien no le preocupa lo que pueda pasarles, siempre y cuando cumplan con su objetivo. Y no cabe duda de que lo están logrando. El objetivo inmediato es desesperar a la población de Ceuta, que se ve abandonada por el Estado que debería defenderla. Que sienta que en esa ciudad no se va a poder vivir a medio plazo y animarla a abandonarla, para dejar así el terreno libre al rey de Marruecos. En una guerra se debe mostrar clemencia con los combatientes enemigos cuando se rindan, pero, en este caso, rendirse no es más que volver a cruzar la frontera hacia Marruecos, cosa que nadie debería impedirles, y allí recibir la ayuda necesaria por parte de su gobierno. Un país que tiene capacidad para organizar un mundial de fútbol, debería tenerla también para atender a sus habitantes, especialmente a los menores.