El 23-S: no hablamos de sexo, hablamos de poder
Tres años después, según el propio Ayuntamiento y los registros de la policía, no han sido capaces de encontrar ningún putero, ni ningún proxeneta
Cada 23 de septiembre se conmemora el Día Internacional contra la Explotación Sexual, la Industria de la Prostitución y de la Trata de Personas, que nutre de esclavas sexuales a los puteros y a la mafia que se lucra de esta esclavitud que aún mantenemos en pleno siglo XXI en nuestras democracias y en nuestras ciudades y pueblos. A la vista de todo el mundo. Con el consentimiento de instituciones y organismos. Y con total impunidad.
Esta fecha no debería limitarse a declaraciones institucionales. Debería obligarnos a mirar de frente una realidad que seguimos normalizando: que en nuestra sociedad los cuerpos de las mujeres puedan convertirse en mercancía y quedar a disposición de quien tenga dinero para comprarlos.
La industria de la prostitución no es una cuestión de moral individual ni una elección personal. Es una cuestión política porque se organiza, sostiene y mantiene en una sociedad atravesada por desigualdades económicas y de género. Por eso, cuando hablamos de la industria de la prostitución, debemos hablar de poder, desigualdad y violencia.
El movimiento feminista de abolición de la prostitución no pretende controlar la sexualidad de las mujeres ni decirles qué deben hacer con sus cuerpos. Pretende justamente lo contrario: que ninguna mujer tenga que poner su cuerpo a disposición de otro para sobrevivir y que pueda ejercer realmente su libertad. Porque no existe verdadera libertad sin igualdad.
Pero, sobre todo, en el 23 de septiembre debemos cambiar el foco. Durante demasiado tiempo hemos hablado de las mujeres prostituidas y de las redes de trata sin hablar suficientemente de quienes sostienen económicamente ese mercado. Porque sin demanda no hay negocio. Sin compradores no existiría el mercado prostitucional. Por ello, una política abolicionista debe actuar contra el proxenetismo y la explotación, pero también desactivar la demanda y cuestionar la normalización social de comprar, no sexo, sino el poder de imponer sus deseos y su satisfacción genital comprando el acceso al cuerpo de mujeres, cada vez más jóvenes, cada más más vulneradas y cada vez más indefensas.
Esto exige políticas públicas integrales: prevención y educación, protección y reparación de las supervivientes, alternativas laborales y habitacionales, atención social y psicológica y una persecución efectiva de quienes usan la industria prostitucional y de quienes se lucran con la explotación sexual.
Es urgente que el Gobierno de España, al igual que han hecho países como Suecia o Francia, tramite la Ley Orgánica Abolicionista del Sistema Prostitucional (LOASP),un marco legislativo que sitúe en el centro la reparación integral de las mujeres prostituidas y supervivientes, combata el proxenetismo y desactive la demanda.
Pero el 23-S también debe interpelarnos aquí, en León. En agosto de 2023, el Ayuntamiento de León aprobó una ordenanza municipal contra la prostitución y la trata. Tres años después, según el propio Ayuntamiento y los registros de la policía, no han sido capaces de encontrar ningún putero, ni ningún proxeneta. Ni siquiera encuentran locales conocidos por todos a pesar de que en la ciudad de León está geolocalizado en Google Maps un puticlub, como clasifica a uno en concreto Guía Clubs, la web que se presenta como la guía de puticlubs en España.
¿Cómo es posible que en tres años no se haya registrado ninguna infracción ni sanción a puteros, proxenetas y sus cómplices? Una norma que no se aplica se convierte en papel mojado. Es un incumplimiento flagrante por parte del propio Ayuntamiento. Una complicidad clara en seguir manteniendo este sistema prostitucional de esclavitud de las mujeres en pleno siglo XXI.
León necesita pasar de las declaraciones a las políticas efectivas: evaluar la aplicación de la ordenanza, garantizar la participación de las organizaciones feministas y de las supervivientes y asegurar recursos suficientes para que ninguna mujer quede atrapada en la prostitución por falta de alternativas.
Porque el abolicionismo no consiste solo en perseguir a puteros y a la industria de la prostitución. Consiste en construir alternativas reales. Ninguna mujer debería tener que elegir entre la explotación sexual y la pobreza. Ningún hombre debería aprender que disponer de dinero le concede el poder sobre el cuerpo de otra persona e imponer sus deseos sobre una mujer o una niña. La prostitución es violencia contra las mujeres y las niñas.
La prostitución es abuso, poder, violencia, humillación, estigma, explotación y desigualdad. Es la expresión extrema de una sociedad que todavía permite que el dinero compre el acceso al cuerpo de las mujeres. No es libertad: es la normalización de la desigualdad convertida en negocio.
Este 23-S, por tanto, no hablamos solamente de víctimas. Hablamos de responsabilidades: de los poderes públicos, que deben legislar y actuar; de una sociedad que no puede normalizar la desigualdad; de quienes se lucran con la explotación; y de quienes mantienen la demanda y la violencia.
La pregunta es qué sociedad queremos construir y qué límites estamos dispuestos a poner al poder del dinero sobre los cuerpos de las mujeres.Si defendemos una sociedad basada en la igualdad, la dignidad y la libertad, no podemos admitir que se pueda abusar, utilizar, comprar y traficar mujeres y niñas para el disfrute del deseo de unos hombres incapaces de mantener relaciones en igualdad con mujeres. Debemos educar a las presentes y a las futuras generaciones en relaciones de igualdad entre hombres y mujeres.
No queremos una sociedad en la que se diga que las mujeres pueden «ser libres» para ser compradas. Queremos una sociedad en la que ninguna mujer se vea obligada a ser comprada para sobrevivir y ningún hombre crea que puede comprar el derecho a someterla. El 23-S no es una fecha para mirar hacia otro lado: es una llamada a abolir la desigualdad que convierte cuerpos en mercancía, deseos en derechos y dinero en poder. Porque mientras se pueda comprar el cuerpo de una mujer, la igualdad seguirá siendo una promesa incumplida.