El que venga detrás que arree
Este dicho popular, que podría significar que quien viene después debe esforzarse para llegar a la altura del precedente, ha cobrado otro significado muy diferente en concordancia con la pérfida idiosincrasia de quien le precedió en el caso que nos ocupa. Me estoy refiriendo, ya lo habrán adivinado, a la nefasta estancia en La Moncloa de una banda bastante bien organizada, al margen de las chapuzas que conocemos todos, dispuesta «a lo que haga falta» con tal de permanecer en el poder, «caiga quien caiga» y ocurra lo que ocurra. Y si eso no ocurriera de momento, pues que «se coma el marrón» el que venga detrás, ya me entienden. Es la intención de «irse de rositas», pase lo que pase. Es la pretensión de quien cree tener «derecho de pernada», o al menos así da la impresión que han procedido en su forma de hacer política. Y, encima con la certeza de que haga lo que haga, no pase nada o casi nada, oiga.
En artículos anteriores ya he hecho alusión a que la sociedad adormilada y/o connivente con la banda ha permitido que eso ocurra. Es posible, bueno es casi seguro que la banda haya detectado y constatado las fallas de esa sociedad y haya procedido en consecuencia. La astucia del trilero ha sido más efectiva que la ética de la sociedad. De otra manera no se explica que hasta ahora no le hayan bajado del pedestal al jefe de la misma y le hayan «corrido a gorrazos» (es una metáfora, lo aclaro para los que tienen la piel fina) a ese que «te mea encima y dice que llueve…» Y una vez que esto se acabe, llegado el caso si llega, ¿cómo queda la cosa? Y qué importa cómo quede la cosa, se responden los causantes del tal desaguisado. El que venga detrás que arree, que luego, si eso, una vez negado todo, como corresponde a nuestra manera de proceder, a nosotros que nos registren. Es más, advierten, es a los nuevos a quienes corresponde gobernar y regenerar el sistema, lo que tanto han prometido y cacareado con tal de quitarnos de en medio, banda de pringados moralistas desfasados, antiguos que son unos antiguos, cavernarios que no se enteran de lo que se lleva ahora. Y más adelante, cuando amainen las lamentaciones y los reproches, volveremos a las andadas. «C»est la vie», tatarean desvergonzados. Por otra parte, continúan, ya hemos trazado el plan de recolocación y disfrute que tanto nos merecemos. Tenemos puestos los ojos en tantos consejos de administración, compañías punteras, embajadas, cadenas de TV, etc., etc. que nos espera una tarea apasionante porque se trata de no dejar a nadie con el culo al aire. La oposición nos suele endosar el sambenito de «aprovechaos», ya que como una gran parte de nosotros nunca ha trabajado, dicen que ahora vamos a saber lo que es bueno. Que no hemos trabajado, dicen. No saben el trabajo que cuesta el poder disponer de medios suficientes para «vivir como Dios» sin trabajar. Hemos dedicado al asunto de la política los mejores años de nuestras vidas. Eso sí, incrustados, agarrados como lapas al aparato del Partido desde nuestra adolescencia, incluso antes. Todo por el bien y el progreso de España, de los españoles, de las españolas y de los españolos. Merecemos, pues, un reconocimiento explícito y una consideración especial (ésta en forma de paguita, a ser posible sin dar un palo al agua). Ni se os ocurra echarnos la culpa de nada, pues la culpa es, realmente, de Franco y sus secuaces, tanto de los pasados como de los presentes y, ya de puestos, del futuro. Y menos mal que gracias a nosotros, a España no la reconoce ya ni la madre que la parió. Y otra cosa, ni se os ocurra recurrir, así como así, al imperio de la Ley. Vigilaremos si por un casual os pasáis un ápice o tratáis de infringirla lo más mínimo. ¿No decís que es fundamental respetar la ley en un Estado de derecho? Pues eso, sed consecuentes, igual que lo hemos sido nosotros con nuestros principios progresistas y de libertades; porque la libertad está, para nosotros, por encima de la ley, no como vosotros que evolucionáis muy lentos, y eso cuando no involucionáis. Preparaos para gobernar lo que, según vosotros, hemos desgobernado, pues estando en la Oposición prepararemos cuidadosamente la alternancia en el poder. Tratad de restablecer el orden y la convivencia pacífica y respetuosa con las Comunidades a quienes hemos prometido el oro y el moro y que se han crecido hasta tal punto que ni nosotros mismos, tan magnánimos como somos, hemos podido satisfacer todas sus ansias. Es por eso que a vosotros os corresponde apechar con el marrón porque el trabajo gordo ya lo hicimos antes nosotros. Y en cuanto al moro que he citado antes, mirad a ver cómo os las arregláis para nadar y guardar la ropa, que parezca que no pero que sí, o que sí pero que no. Ahí sí que os hemos cogido con el pie cambiado. Y referente a otro tema al que vosotros tildáis de delicado e incluso de marrullero, el de la famosa inmigración «a lo loco» (una prueba más de nuestra capacidad operativa de ingeniería subterránea para intentar ganar votos a nuestro favor por la cara bonita), os recomiendo muchas tragaderas para tragar otro marrón que os hemos dejado a propósito. No sabéis el regocijo que nos produce solo de pensarlo. Y es que no lo hay como tener imaginación (bueno, y un pelín de mala leche y mucha desvergüenza según vosotros) para, esperando sentados, ver y gozar de cómo las pasaréis moradas para intentar salir del atolladero. Nosotros ya hemos sacudido lo que consideramos en este caso la colmena melífera y a la que vosotros denomináis el avispero. Y es que os cuesta distinguir un insecto de otro. ¡Ah! Ni se os ocurra recortar el gasto (no importa si hay o no presupuesto consensuado para ello) destinado a promover o ratificar planes tendentes a conseguir igualar lo desigual que no es lo mismo que desigualar lo igual, aunque se parezca. Porque, en cuestión del dinero que tanto os gusta amasar, habéis de saber que el déficit que os dejamos (no importa el montante, al menos a nosotros no nos importa lo más mínimo) es algo que os dejamos a huevo para que se note vuestra capacidad de resolver el problema y el marrón. Recordad, una vez más, aquello de el que venga detrás que arree, y hala, que os vaya bonito…