San Marcelo, patrón de la ciudad de León

San Marcelo es el patrón de esta antigua Corte de Reyes. Y, desde el 25 de enero de 1983, lo es también de la Policía Local legionense. Sus restos mortales reposan en la iglesia puesta bajo su advocación. Lo testifica una lápida a los pies del citado templo. La toma de Tánger, a raíz de la batalla de Arcila, el 28 de agosto de 1471, por Alfonso V de Portugal, hermano de doña Juana, segunda esposa de Enrique IV, propició el hallazgo de su tumba, que contenía esta inscripción: «Marcellus, Martyr Legionensis». Su cuerpo llegó a León el 29 de marzo de 1493, Sábado Santo. El traslado a nuestra ciudad fue una decisión del rey Fernando el Católico, el Cabildo Catedralicio y el Concejo leonés.
La traslación trajo consigo el derribo del antiguo templo románico del siglo XII y la edificación de una iglesia nueva en honor del Santo Legionario. El 19 de julio de 1588 puso la primera piedra el prelado legionense Francisco Trujillo. El nuevo recinto sacro, obra de Baltasar Gutiérrez y de Juan de Ribero Rada, arquitectos de la Catedral y del Palacio de Poridad, respectivamente, fue consagrado y bendecido el 10 de marzo de 1628 por Gregorio de la Pedrosa, obispo de León. La imagen de San Marcelo recibe veneración en el retablo del altar mayor. Fue un encargo del regidor leonés Ramiro Díaz de Laciana y Quiñones al famoso imaginero Gregorio Fernández mediante contrato suscrito el 19 de febrero de 1628. El patrón legionense, en la mano derecha, ahora vacía, hasta el último tercio del siglo XIX sostuvo una espada nazarí o granadina de las llamadas «de la jineta», que había sido ofrenda de Fernando el Católico al Santo. Actualmente la pieza se conserva en el Museo Arqueológico Nacional, resultado de las gestiones realizadas en 1868 ante el párroco de San Marcelo por José Amador de los Ríos y Serrano, director de la citada institución museística, cargo asumido el cinco de febrero de aquel año. José Amador era el hermano mayor de Demetrio de los Ríos, arquitecto restaurador de la Catedral de León (1880-1892), y tío de la célebre escritora Blanca de los Ríos y Nostench, hija de dicho arquitecto y esposa de otro renombrado arquitecto, Vicente Lampérez y Romea. Circundan a la efigie del Santo Legionario aquellas que representan a su esposa, Santa Nonia, y a sus doce hijos. Fechadas en 1722, José González, en su obra «Vida de San Marcelo» [pg. 120] anota que los libros de cuentas parroquiales detallan que se entregaron «cien reales a Santiago Velasco, escultor, a cuenta de los hijos de San Marcelo, para el retablo». En el altar mayor se encuentra el arca de plata que contiene las reliquias del Santo Centurión. Realizada en 1627, es obra del leonés Hernando de Argüello, entonces platero catedralicio. San Marcelo estaba casado con Santa Nonia. Padres de doce hijos, como he dicho antes, los tres primeros, Claudio, Lupercio y Victorico, fueron martirizados el 30 de octubre de 303 y sepultados en el mismo término donde se edificó el monasterio de San Claudio. Sus restos descansan también en dicho altar mayor en tres arcas del siglo XVII, autoría del mismo orfebre. Una cuarta, obra también de Argüello, custodia las reliquias de San Ramiro, prior del señalado monasterio, víctima, con sus doce monjes, del martirio a manos de los arrianos. La popularidad del patrono de esta capital del Viejo Reino es una patente realidad. Las acciones de conservación y restauración llevadas a cabo recientemente en el trascoro de la «Pulchra Leonina» han permitido la recuperación de toda la luminosidad de esta excelsa obra monumental del siglo XVI. Allí, Esteban Jordán efigió a San Marcelo, al lado de San Isidoro, patrono del reino de León. Ambas figuras son sedentes y han recuperado todo su esplendor. San Marcelo ha sido santo de rogativas. Durante el siglo XVI, en 1501 y en 1586, se llevó a la S. I. Catedral por mor de la sequía. Y en 1599, al desaparecido Real Monasterio Benedictino de San Claudio a causa de la peste. Con motivo del cólera morbo, en 1855 fue llevado también a nuestro primer templo. Según el «Martirologio Romano», Marcelo confesó públicamente su adhesión al cristianismo durante la fiesta conmemorativa de los natalicios de los emperadores Diocleciano y Maximiano, que ocupaban el solio imperial con el rango de Augustos en forma de diarquía. Era el 21 de julio de 298. En el solar donde lo hizo, más tarde fue erigida la iglesia en su memoria, por tanto, muy cerca de la antigua «porta principalis dextra» (puerta principal derecha), uno de los cuatro accesos que tenía la muralla romana, donde posteriormente se erigió la Puerta Cauriense, situada entre el café Victoria y la Diputación Provincial. Por esta declaración, siete días después fue encerrado en una oscura mazmorra. Juzgado y martirizado posteriormente en Tánger, allí fue ejecutado el 29 de octubre del referido año. La comunidad cristiana de aquel lugar dio a su cuerpo piadosa sepultura. Cada 29 de octubre, el Ayuntamiento de León y el Cabildo de la Catedral honran la memoria de San Marcelo en el templo parroquial erigido bajo su advocación. El ceremonial protocolario está recogido en las
Políticas Ceremonias, del Marqués de Fuente Oyuelo, donde el noble leonés del siglo XVII dice de este tenor: «El día de San Marcelo, patrono de esta nobilísima ciudad, [el Ayuntamiento] se junta en la Catedral, y el Cabildo de ella sale en procesión, y va a la Iglesia parroquial de este glorioso Santo, que goza su inestimable cuerpo, y allí se dice la misa con toda solemnidad, y la Ciudad se sienta con el Cabildo en la misma forma que va dicho en los días de sermones y letanías: vuélvese a la Catedral, adonde se da fin a la función». Hace ahora algo más de cuatro décadas, concluido el acto religioso, la Corporación Municipal y el Cabildo Catedralicio todavía se despedían reverencialmente con una «cabezada». La municipalidad se formaba ante la puerta principal del Palacio de la Poridad y los capitulares ante la puerta sur del templo, quedando así frente a frente en la calle de Legión VII. Luego, una y otra institución retornaban a sus respectivas sedes.