TRIBUNA
No gana Lula, pierde Bolsonaro
Las elecciones en Brasil se han caracterizado por una gran polarización. Hay una gran división social que provoca que se vote más en función del «rechazo» al contrincante político y no tanto por la aceptación de aquel al que se vota.
En mi interpretación de esas elecciones diría que el rechazo a Bolsonaro ha sido superior al que obtiene el propio Lula. Es por ello, que cuando se plantea la elección entre los dos candidatos el triunfador ha sido Lula. Hay algunos datos en los que baso está afirmación. Por ejemplo, hay que tener en cuenta que el Partido Liberal (por el que se presentó Bolsonaro) obtuvo un total de 121 diputados en las elecciones parlamentarias de este mismo año, superando con claridad los 88 que obtuvo la coalición de Partido de los Trabajadores (70) más partido comunista (11) más partido verde (7). También en porcentaje de voto hay un diferencial de más de 7 puntos a favor del partido liberal. Es decir el Partido Liberal gana en escaños pero pierde en las elecciones presidenciales. También podría ahondar en esa explicación el que, cuando la elección es entre varios candidatos, (primera vuelta) gana Bolsonaro y cuando se concentra el voto en dos, pierde frente a Lula. Se presenta una complicada gobernabilidad en Brasil por cuanto el presidente electo dista mucho de tener la mayoría en el parlamento para gobernar. El total de diputados es de 513 con lo que la mayoría estaría en 257 y de eso quedan muy lejos los 88 de su coalición. Tampoco son suficientes los 121 del Partido Liberal. Parece que se necesitarían pactos y entre varios partidos para poder tener un mínimo de estabilidad. Se deja ver que en esas elecciones el voto a Bolsonaro se ha sustentado principalmente en los grandes núcleos de población como Sao Paulo y Río de Janeiro. Hay que tener en cuenta que Bolsonaro en esos dos estados tuvo 19.308.211 votos lo que supone un 32.3% del total que tuvo en la segunda vuelta. Con ello superaba los 16.684.667 que obtuvo Lula en esos estados (representando un 26% de los que obtuvo en total). En América hay una cierta tendencia a la continuidad familiar en los mandatos políticos. Aquí en Brasil había hasta cuatro miembros de la familia Bolsonaro dispuestos a ocupar puestos de relevancia en la política empezando por Flavio que aspiraba a la presidencia del país. Incluso se piensa en la mujer de Bolsonaro como alternativa de candidatura. También había una intención declarada de amnistiar a su padre. Pero en Estados Unidos tenemos varios ejemplos de dinastías políticas como los Kennedy o los Bush pero también a matrimonios como Clinton y Hilari. En Cuba a Fidel le sucedió su hermano Raúl. En Perú gobierna Keiko Fujimori. En Argentina también son varios los casos en los que el gobierno se ha repartido entre el marido y la mujer. Sin embargo en Europa, en general, eso no es algo que se dé. En principio esa separación suele ser síntoma de una mayor calidad democrática . Los líderes se tienden a caracterizar por aglutinar tanto altos niveles de aceptación como también de rechazo. Uno sospecha que Flavio era sólo «el hijo del líder» y que ese líder está en prisión por promover asaltos a su propio parlamento. No parece la mejor tarjeta de presentación para cualquier demócrata. En la campaña de Bolsonaro se podían ver banderas que ponían «Fora Lula» por lo que marcaban claramente la posición «anti» y no tanto favorable a sus propios posicionamientos. En esa lucha de liderazgos podríamos decir que el de Flavio Bolsonaro (el hijo de su padre) ha sido más débil que el de Lula que lleva 50 años en política y en ellos ha acumulado muchos seguidores (aunque también detractores). Más allá de los convencidos, los que han dudado hasta el último momento también se han podido inclinar por aquello de «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». Es muy probable que el país como tal no se reconozca en ninguno de esos candidatos. Brasil son los partidarios de Lula, pero también los de Bolsonaro, y casi se dividen a la mitad. Habrán de buscar formas de convivencia que no ahonden más en la división social. Sin embargo, la polarización social y política lo hace especialmente complicado. Hay demasiada distancia en los objetivos y aún más en lo que son las diferencias personales. Sin embargo, diría que es una necesidad social el llegar a unos ciertos puntos de encuentro en beneficio de la propia sociedad. La polarización y radicalización es un fenómeno que se viene dando a nivel mundial y no es exclusivo de Brasil. Se da en Europa y también en España. No creo que sea el mejor camino, por lo que creo convenientes procesos que fomenten la convivencia y el respeto en las diferencias. España fue un ejemplo en la transición y tal vez convendría recuperar ese espíritu.