EL MIRADOR
Órdago francés
Como era previsible, el Gobierno francés se niega a cumplir el mandato unánime de la UE para que reduzca su déficit presupuestario y cumpla así lo establecido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Su ministro de Economía, Francis de Mer, dice que los problemas económicos del Hexágono le impiden acometer el plan de austeridad presupuestaria demandado por el resto de sus socios comunitarios y recuerda que otros Estados, fuera de Europa, recurren al gasto público para estimular el crecimiento. En este escenario caben dos opciones: primera, ceder a las exigencias francesas; segunda, sancionar a los galos por quebrantar las normas que ellos mismos propusieron hace un quinquenio. Cualquiera de esas dos opciones está llena de peligros. Si la UE permite a los franceses incumplir sus obligaciones, el Pacto de Estabilidad saltará en pedazos y cualquier país podrá embarcarse en la senda de la irresponsabilidad presupuestaria sin que nadie puede reprocharle nada. En este contexto, la credibilidad de la Eurozona sufrirá un fuerte quebranto y su moneda se verá sometida a un duro castigo por los mercados de divisas. Por otra parte, la tesis francesa de que más gasto público se convierte en más crecimiento es un error garrafal. Los dos Estados de la UEM que más han reducido el gasto y el déficit, España e Irlanda, han crecido por encima de la media europea. Sin embargo, un déficit público del 3,7 por ciento del PIB no ha evitado que Alemania permanezca estancada. Si se sanciona a Francia, como prevé el Pacto de Estabilidad, el Gobierno galo quizá haga un despliegue de grandeur herida y amenace con todas las armas a su disposición, incluida la de abandonar la UEM. Sin embargo es difícil que materialice ese farol sin pagar un altísimo precio por ello. En todo caso, la cesión ante las demandas galas demostraría que en Europa algunos países son más iguales que otros y parece complicado aceptar que las instituciones de la UEM sólo funcionen en beneficio de Francia y/o de Alemania.