EN EL FILO
Nadie quiere la guerra
O se recuerda otra ocasión en la que el acontecimiento central y la preocupación fundamental se mezcle ya en toda suerte de actividades. El Prestige y su drama había conseguido algo parecido, que estuviera en todas las salsas, en todas las conversaciones, en todas las controversias. Pero lo es mucho más la eventualidad de la guerra con Irak. Ha llegado a situarse en el centro mismo de las preocupaciones, por más que el Barómetro del CIS no haya tenido la honestidad de incluirlo entre las cuestiones y materias que pudieran resultar causa de preocupación para el ciudadano. Ya llegará. El CIS no siempre es sensible a los latidos del ciudadano. Pero, en materia de guerra con Irak, salta a la vista que a todos inquieta y que el Gobierno se está quedando solo y sin explicaciones y argumentos. Basta comprobar con atención las sucesivas encuestas que se realizan y divulgan, según las cuales la inmensa mayoría de los españoles se oponen de manera radical a la guerra y quisieran hallarse en el otro bloque, el de los países del eje franco-alemán, que reclaman al presidente George W. Bush que recapacite y no lleve a cabo sus propósitos bélicos. La mayor parte, en esta coyuntura, quisiéramos ser francoalemanes, y disponer de unos dirigentes a tono y en sintonía con la voluntad de sus ciudadanos. Era, asimismo, el mensaje más reiterado por los participantes en la gala de entrega de los Premios Goya de Cine, y que alguno de los actores interpretó perfectamente, como el Bardem que parecía dirigirse a Aznar: un gobernante recibe el encargo de situarse al frente de sus ciudadanos pero no son un cheque en blanco, para hacer lo que le venga en gana, sino para sintonizar de manera permanente con los deseos mayoritarios de la población que gobierna, votante o no de esa opción... Y en ese punto parece que nos están fallando estruendosamente nuestros gobernantes Aznar, Blair, Berlusconi y otros cuantos más, decididos a «salvarnos de la inicuidad, del eje del mal, del enemigo» incluso contra nuestra voluntad... Acaso las pruebas concluyentes de esa maldad intrínseca del perverso Sadam Husein que debe trasladarnos Colin Powell el día de San Valentín empiecen a modificar un estado de opinión tan drástico. Pero, hoy por hoy, da la sensacióbn de que José María Aznar navega abiertamente, y como remero de cabeza, contra la corriente de su propia nación...