el rincón
Puerto Urraco en Madrid
EL secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, ha enseñado en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas un tubito, aproximadamente del tamaño de un supositorio, que según él contiene ántrax. Hasta ahora es la prueba máxima encontrada por los inspectores que han husmeado por todas partes, incluso levantando las alfombras voladoras de Bagdad. Esa y algunas fotos aéreas. En su opinión, demuestran que el repulsivo régimen de Sadam produce armas prohibidas en laboratorios móviles. Con tanto hablar de la odiosa guerra preventiva, prestamos muy escasa atención a nuestra guerrilla interna. Cuatro personas murieron asesinadas el jueves en Madrid en menos de doce horas. La España profunda, esa en la que es preferible no ahondar, se ha trasladado a la capital del reino. Todo es Puerto Urraco, con sus reyertas y sus venganzas. La novela negra se surte de buenos argumentos, entre cuchilladas y tiros. El escenario preferido es Madrid, pero de ningún modo es el único. La delincuencia creció en España durante el año pasado en un 5 por ciento y se registraron dos millones de denuncias. Tenemos de todo. Desde el psicópata del garaje al loco del naipe. Los agentes de homicidios se están ganando a pulso la Medalla del Trabajo. Algunos preferirían haber estado de servicio en el Chicago de los años 20. El más intrigante de los crímenes registrados, antes de que empiecen los crímenes de la guerra contra Irak, es el de ese muchacho de 20 años que trabajaba como limpiador en las dependencias aeroportuarias de Barajas. Apareció con la cabeza taladrada y a sus pies había un naipe: el as de copas. La policía no sabe a qué carta quedarse. ¿Un tarot?, ¿un juego de rol? La cosa es muy complicada para tratarse de un simple robo. Puede ser una venganza de esas que se producen sin necesidad de que haya existido un agravio anterior. La gente se venga por adelantado. Estas cosas distraen y colaboran a una buena ambientación antes de que empiecen los partes de guerra.