Diario de León
Publicado por
Javier Tomé
León

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Todos hemos oído hablar de tremendos suplicios físicos y psicológicos, capaces de reducir al enemigo a la categoría de un pajarillo asustado. Así, en un macabro recuento, vienen a la memoria las torturas del potro, la bota malaya o el gota a gota, ideados todos ellos para hacer puré al contrincante. Ahora se ha sabido que durante la Guerra Civil, en las llamadas checas, ciertos elementos indeseables diseñaron unos métodos psicotécnicos para amargar la vida a los prisioneros, donde se incluían dibujos surrealistas y geométricos para «hacer trizas los nervios de las víctimas». Los presos tenían como único horizonte vital un envoltorio de cubos, rejillas, espirales y círculos de colores, sumiendo a los pobres desgraciados en la quebradiza malla que apenas separa el delirio de la realidad. En un alarde de refinada crueldad, incluso se les proyectaba la famosa escena de El perro andaluz, ideada por Luis Buñuel, cuando el ojo del protagonista es rasgado por una cuchilla de afeitar. Dada la verbena pirotécnica que se prepara sobre Irak, nuestros agentes Mortadelo y Filemón han ideado una serie de torturas que sin duda serán del agrado americano. Los generales más peligrosos de Sadam, por ejemplo, sufrirían el suplicio de visionar una y otra vez las viejas películas de Fernando Esteso y los programas musicales de José Luis Moreno. Y para Husein, podría encargarse a Agatha Ruiz de la Prada la confección de su uniforme carcelario, atuendo con el que se vería obligado a contemplar una selección de los mejores conciertos navideños de Raphael. ¡Pobre Sadam Husein!

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