Quo Vadis Bembibre
Pocos tiempos pasados fueron peores que el actual en la Villa. El ímpetu de antaño se desvanece a ritmo cansino, mientras los ánimos de nuestras gentes flaquean por las esquinas de este siglo que despierta. Bembibre está empezando a agonizar, perviviendo a duras penas de las pensiones y subsidios oficiales, esas que solo atemperan el declive sin cimentar para el remonte, sin construir para el progreso. Los guarismos contables emanados y al servicio del poder por el poder, disfrazan este declinar por lo que supone de fracaso propio, y cuando la evidencia los acorrala y acusa, se justifican y se disculpan en supuestos fantasmas fabricados para la ocasión, así como en lecturas partidarias sobre las herencias mediatas. Solo hasta ahí llega su capacidad de discernimiento, obviar los problemas especulando y falseando la realidad del mismo. Pero si los números son fácilmente manipulables, las sensaciones de las gentes se les escapan entre los dedos. A pesar del empeño y la arbitrariedad que derrochan, las sensaciones no están siempre en venta, máxime cuando uno se reitera en la necedad. En Bembibre, las actuales sensaciones de las gentes difieren de las realidades que tratan de imbuirnos, por mas que se improvisen precipitadamente escenarios y fuegos de artificio. Mientras se juega al ocultamiento del naufragio, las respuestas y soluciones prometidas, en aquel tiempo donde los medios y los fines no se justificaban, siguen sin aparecer, y al no adoptarse ahora las medidas y diferir las decisiones, el avance se torna en retroceso. La necesidad de un cambio de estrategia y de ser, se vislumbra acuciante. Los argumentos, algunos artificiales e inciertos, que se utilizaron hace cuatro años para deponer a Susi, aparecen ahora como una mala jugada del destino. Durante este tiempo, mientras nosotros nos lamíamos las heridas, y observábamos afligidos la desidia del paisaje, otros hacían camino al andar, y algunos, jugando con nuestras mismas cartas, han sembrado y recolectado el fruto de la inteligencia. Bembibre ni siquiera ha sabido participar en la contienda, se ha contentado con las migajas de cemento alumbradas y pendientes de atrás. Este es el triste mérito del que se apropian los débiles. La paloma de Alberti es muy cruel en su destino. Se avisaba entonces que estábamos ante cuatro años decisivos. Se constata ahora, que todos los hemos perdido, y que el ungido por la gracia caprichosa del destino, no es mas que la representación palmaria del inidóneo coronado por linaje. Erase una vez, la historia de un esbozo y su buena estrella, aquel que llegó a sonrojar a sus mentores y a los no avenidos. A unos por su responsabilidad, y a los otros por vergüenza ajena. No debemos conformarnos a que la inercia de un presente accidental, marque el devenir de nuestra historia. Bembibre necesita ahora el empuje que le falta. No estamos ante una mera cuestión de matices, en la que se discutan solo fórmulas intrascendentes sobre lo inmediato. Estamos ante el momento de elegir, entre la evolución positiva y acorde a las necesidades y a los tiempos, o la involución que nos arrastra, esa que esquilma nuestros padrones y hace emigrar a nuestras gentes. La enfermedad que sufre actualmente Bembibre, es la inanición, la falta de iniciativa e imaginación, la mala conformidad gratuita y mediocre. A Bembibre le falta rumbo que evite el incipiente naufragio. No nos debemos resignar a la agonía latente. Todavía somos muchos los que queremos golpear esta apatía devastadora, y lanzar un grito de esperanza y de ilusión, de anhelo por un progreso satisfactorio y reconfortante para todos. Bembibre debe recuperar la grandeza que siempre tuvo, debe alzarse por encima de la pereza y la desidia, y recobrar aquel dinamismo que nos llevó a alcanzar respeto exterior, y calidad de vida para todas nuestras gentes. Hay que apelar de nuevo a nuestro orgullo para que excite nuestra voluntad de superación. La cuestión es, como expuso aquel presidente asesinado, lo que podemos aportar todos al proyecto de futuro, y no elucubrar sobre lo que cada uno puede sacar de provecho a modo individual. Todos, absolutamente todos, somos necesarios e imprescindibles para llevar la necesaria iniciativa adelante. Nos estamos jugando el aliento y el alba. Por Bembibre, creo que la aventura electoral que se cierne, debe sumar el máximo de voluntades, con independencia de colores, con independencia de rencores, sin protagonismos desmedidos, es decir, todos a galopar, si hace falta, hasta enterrarlos en el mar.