Un día es un día
A medida que se avanza en la imprescindible igualdad laboral entre mujeres y hombres se percibe que la meta está muy lejana. Son más fiables las cifras que los discursos y los números cantan hasta quedarse roncos: el desempleo femenino sigue siendo el doble que el masculino. No es lo peor. Lo peor es que, a igualdad de trabajo, persiste la desigualdad de salario. El vicepresidente del Gobierno Mariano Rajoy ha reconocido que las mujeres cobran un 30 por ciento menos, pero se cree que el porcentaje es todavía menor. Los balances del señor Rajoy, como se demostró con el Prestige, tienden al optimismo. Sin duda para evitar desmoralizaciones colectivas. Celebrar el Día de la mujer nos seguirá sonando raro hasta que no se celebre el Día del hombre. Huele a aquellas fechas que se dedicaban al Domund o a la banderita. Un día es un día, pero el año tiene 365. Todo es muy lento en la conquista de la igualdad, que consiste en que no haya discriminación de la mujer. Como no se habla más que de la guerra de Irak, no queda tiempo para hablar de la guerra de sexos. Quizá un sólo dato haga innecesarias muchas discusiones: el 70% de los pobres del mundo son mujeres. En las sociedades occidentales, donde se ha conseguido un alto nivel de desarrollo, siempre se ha utilizado la galantería como trampa. Durante largo tiempo se les negó a las mujeres el derecho a voto mientras se les cedía el asiento en los transportes públicos. Las cosas han cambiado, pero no lo bastante para que no sea ignominiosamente válido aquello de que el rol femenino era ser «en las clases altas, animal de lujo y en las bajas animal de carga». Ya todo va siendo distinto, salvo en el plano económico, que es fundamental. No está bien visto matar a las adúlteras, ni oponerse a que una señora ingrese en la Real Academia de la Lengua. Falta por solucionar lo de los malos tratos (la orden de protección judicial a las víctimas entrará en vigor el próximo 28 de abril) y lo de la pasta. Un batallón de mujeres kurdas se apresta en este momento para la batalla, pero ni ellas ni las españolas ganan lo mismo que los hombres.