Diario de León
Publicado por
Miguel Martínez Fernández, secretario general del PSL-PSOE
León

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La reciente presentación en León del libro Tender puentes. PSOE y mundo cristiano, me otorga la posibilidad de esbozar una reflexiones sobre ese texto y sobre mi propia opinión acerca de las opiniones que en él se vierten. Quienes creemos que el socialismo es algo más que una ideología política, los que lo entendemos como una forma activa de ser y estar en el mundo, no nos extrañamos de que Ramón Jáuregui sea responsable de la edición de este volumen en el que varios intelectuales e ideólogos reflexionan sobre los vínculos de unión entre esas dos ideologías. Creemos, de hecho, que era algo necesario teniendo en cuenta la vocación de pluralismo e integración que tiene nuestro pensamiento progresista. Dicha publicación, a mi entender, consigue aclarar un malentendido: el de que es incompatible ser socialista y católico y cristiano. José Luis Rodríguez Zapatero, en el prólogo, cuenta una anécdota que leyó en un artículo de Ramón Obiols sobre cómo esta incompatibilidad en el pasado era clara y notoria; cómo los viejos socialistas de la II República veían con suspicacia a los católicos que deseaban militar en el Partido. Pero a lo largo de las densas y necesarias páginas, cada escritor va aclarando ese malentendido y ampliando los horizontes de nuestro ideario; acomodándolo así a la realidad de nuestra sociedad. Una sociedad que cuenta con una base fuerte de creyentes en sus filas, y a los que el imaginario socialista no podía dar la espalda, porque eso sería equivalente a dar la espalda a la realidad. Por eso hemos de considerar la publicación de este texto como una demostración tangible de que los socialistas avanzamos, que mejoramos, que no estamos ideológicamente estancados ni empecinados en valores antiguos, sino que tratamos de refinarlos al paso de los tiempos. El profesor Imanol Zubero denomina aquí el socialismo como una «utopía compasiva». Humildemente discrepo de ese calificativo. Más bien decía al principio que entiendo el socialismo como una forma de ser y estar en el mundo. Los socialistas somos esa parte de la sociedad que todavía cree en algo mejor, en ideales renovados, en la utopía práctica y el valor de todo lo aparentemente no útil, pero que enriquece e intensifica la vida de las personas y sociedades. No somos los que se alienan al lado de lo económico sin riesgos, sino los solidarios, los igualitaristas, los que desean avanzar en cotas de libertad; los que debido a sus riesgos a veces se equivocan pero asumen sus errores y aprenden de ellos para poder llegar a ser mejores y a aportar algo cada vez más positivo y avanzado. Todo esto que he esbozado, esta cosmovisión, creo que tiene mucho que ver con el hecho religiosos. El socialismo y el cristianismo no sólo no son incompatibles sino que coinciden en parte de sus propósitos, de sus actos, de su lenguaje y de su profunda vocación de absolutos. O, por decirlo en palabras de Enrique Tierno Galván, que escribe una intensa parte en el libro: «La valoración ética del mundo desde la ideología general del socialismo y la valoración ética del mundo desde la ideología general del cristianismo, tienen muchos puntos de coincidencia en la práctica». Sin duda tiene razón. Otro de los momentos álgidos de este Tender puentes es, en mi opinión, el texto de Victoria Camps. La brillante profesora distingue entre religión como «confesión, doctrina y contenido de una fe» y religión como «un aspecto fundamental de nuestra cultura y de la cultura de la humanidad». Tras esta diferenciación concluye que si bien el socialismo, que aspira a una sociedad laica, puede prescindir de la religión como confesión, no puede dejar a un lado el hecho religioso en sí. Esto es, que sin la religión no resulta necesaria para una formación ideológica socialista, sin embargo la cultura religiosa es imprescindible para cualquier ideología. Perdonen mi entusiasmo de lector. No quiero seguir citando a vuelapluma a los autores que aquí escriben, pero sí invitarles a todos ustedes a asomarse al libro publicado por la Fundación Pablo Iglesias. De todos modos no crean que en estas páginas sólo se reflexiona, pues el Partido Socialista, como es sabido, tiene una clara vocación práctica, esto es social. Por eso tomo unas palabras queRamón Jáuregui, autor de la edición, ha escrito al hablar de las organizaciones cristianas de carácter social tan próximas a nuestra práctica política. Pensando en ese movimiento cristiano activo y encomiable dice: «tender puentes responde también a la necesidad de ofrecer el partido a esas organizaciones». Por cierto, no se pierdan un inteligente y erudito repaso que hace Gregorio Peces Barba al mundo cristiano y social de Fernando de los Ríos, pensador del Derecho, humanista libre y un personaje muy importante de la Historia de España, y de estrecha vinculación con León a través de a Institución Libre de Enseñanza, la Biblioteca Sierra Pambley y la Familia Azcárate. Interesante es saber que este gran hombre no logró armonizar perfectamente su pensamiento político y su fe. Tuvo una fuerte crisis religiosa, y sólo logró compatibilizar ambas facetas de su pensamiento separando el hecho religioso de la institución de la Iglesia Católica, como explica Peces Barba. Del mismo modo, y esto entra ya dentro de mi gusto personal como lector, he disfrutado mucho al leer la parte de José Borrell, pues coincido en su matizada distinción entre el cristianismo y la Iglesia Católica, señalando que el Partido Socialista le debe mucho al cristianismo, y no tanto a la jerarquía católica. Coincido con él en que los socialistas estamos por la igualdad, y por lo tanto en contra de la exclusión, y por eso no podemos excluir el cristianismo de nuestra comprensión del mundo. Pero hay muchas otras joyas en este libro, que les invito a descubrir a todos ustedes. Con esta tribuna de opinión simplemente quería expresar mi satisfacción por esta publicación, por este hallazgo ideológico que supone un paso adelante para todos los socialistas, y una herramienta que nos ayudará a entender mejor la sociedad en que vivimos y a nosotros mismos. Clara demostración de que antes que los actos políticos acertados tienen lugar las ideas. Todo lo bueno que existe fue una vez imaginado.

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