Diario de León
Publicado por
Federico Abascal
León

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Las fotografías de la guerra llegan casi en tiempo real a los diarios y la del niño Ali, horriblemente mutilado, es algo más que un daño colateral; es un drama humano, irreversible, que debilita cualquier argumento belicista. La oposición parlamentaria volvió a unirse ayer contra el Gobierno y en una moción de todos los grupos se pidió a Aznar que apoye todas las iniciativas encaminadas a detener la guerra y ordene el regreso de la flotilla logística/humanitaria. Se ha evidenciado nuevamente la soledad crispada del Gobierno. A unas declaraciones sensatas de Felipe González sobre las posibles derivaciones de este conflicto respondía ayer el ministro Álvarez-Cascos afirmando que el ex presidente socialista ha visto reducido su ya menguado crédito político. Ante esa actitud de un dirigente «pata negra» del PP, la oposición podría callarse ante el valor de las fotografías de los muertos civiles, mil veces superior al de los argumentos en favor de la guerra, al menos en el plano emocional, que es el que mueve a las sociedades humanas. Y mientras las movilizaciones sociales no ceden al cansancio que debería teóricamente producir su efervescencia pacifista, no es grato, ni siquiera apacible, el ambiente en el Congreso, donde algunos diputados empezarían a mirar como enemigos a sus adversarios políticos. Esto se explicaría tanto por el aislamiento del Gobierno, notablemente desvaídos sus apoyos argumentales, como por la inminencia de una confrontación electoral que pone al PP de los nervios. Ayer se anunció que el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, deseaba reunirse mañana, tras su viaje a Turquía, en el cuartel general de la OTAN en Bruselas con los quince ministros de Asuntos Exteriores de la UE, que acudirán a la cita, mientras Javier Solana, camino de Washington, se detenía en París para hablar con el ministro Villepin, todo lo cual sugiere que la diplomacia empieza de nuevo a moverse. Lo único inmóvil parece ser la actitud del Gobierno español, al que Aznar, en el ejercicio de su autoridad, habría ordenado en el último consejo de ministros que explique clara y minuciosamente las poderosas razones del apoyo a esta guerra. Es una guerra enrevesada, ante la cual el portavoz socialista Caldera pregunta a Aznar si seguirá apoyando a Bush hasta el final cuando éste dice que la guerra seguirá dure lo que dure y cueste lo que cueste, ¿en vidas humanas, en odio expansivo y la inseguridad que genera? La pregunta es obvia, pero de su respuesta depende el rumbo de la política exterior española durante la actual legislatura.

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