Diario de León
Publicado por
Antonio Pérez Henares
León

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Todo era mentira, aunque ahora nadie quiera recordarlo. Mentira burda lo de las armas nucleares, mentira lo de las «terribles» armas de destrucción masiva (los únicos que las tenían y tienen son en verdad los americanos), mentira el objetivo proclamado ante la ONU. La prueba son los muertos. Los de la coalición angloamericana no han llegado a los 150, los iraquíes, decenas de miles, no los sabremos nunca. Tres semanas han bastado a la maquinaria de guerra más poderosa de la tierra para aplastar a un ejército del tercer mundo y hacer huir a un sátrapa. Ese resultado era lo único seguro. Pero lo que no esperábamos de la invasión y ocupación de Irak es que los vencedores recibieran la aclamación de saqueadores y ladrones y que estos a su amparo arrasaran las ciudades presuntamente liberadas, no respetando siquiera a los hospitales donde agonizaban los heridos y al tesoro de la humanidad que guardaban los museos. Los marines ni siquiera han querido defender el patrimonio de la humanidad, los restos de una civilización que realizó la primera y más importante revolución del ser humano: el salto de la caza y la recolección a la agricultura y la ganadería, la invención de la escritura y de las matemáticas. Sonrientes los soldados del imperio de la hamburguesa han dejado a la turba que destruya los vestigios de aquella civilización milenaria, el Museo Arqueológico Nacional de Irak ha sido asaltado, saqueado y lo que no ha sido robado ha sido destruido a golpes. Todo un símbolo. Pero no solo estético. Lo es también ético. Esta, aunque aún no lo percibamos, nos ha roto a todos la civilización y no pocos de los principios en los que se asentaba nuestra vida. La bombas han caído sobre todos nosotros y todos hemos sucumbido un poco. Ahora toda una nueva sarta de mentiras y alguna renovada pantomima en el teatro de la ONU pretenderá acallar cualquier memoria para que los poderes del mundo puedan ir detrás del carro de los vencedores.

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