EN BLANCO
Caridad
AL menos en España, el dinero siempre ha sido muy católico. Y puesto que la caridad bien entendida empieza por uno mismo, ahí tenemos a un príncipe de la Iglesia como el cura Castillejo, presidente de Cajasur por más señas, presentando a la Junta de Andalucía unas cuentas de su gestión financiera que harían sonrojar a José María el Tempranillo. Utilizando todo tipo de trucos y artificios contables, semejante galeote de la virtud afirma pagar 216 euros por cada ejemplar del periódico ABC que compraba, o dice que sus consejeros cobran 240 euros del ala como dieta por asistir a misa. Estas cuentas del Gran Capitán también incluyen un generoso apartado para obras de caridad, chorreo de dinero con el que el cura Castillejo buscaba su particular atajo hacia Dios. Y ahora, una sentencia del Tribunal de Cuentas ha condenado a Álvarez del Manzano a devolver una cascada de millones a las arcas públicas, escaqueados gracias a los múltiples trapicheos cometidos durante su mandato. El alcalde de Madrid, al que su propio partido ha dado la patada, es un hombre modesto y con muchas razones para aparentar modestia, pues su mayor logro político es haber dejado Madrid igual que un queso de agujeros a base de obras y parcheos. Aparentaba ser más puro que la leche cuajada, pero con marrullerías de viejo comediante daba la propina a la costurera que remendaba los leotardos de su parienta con el dinero de los madrileños, al igual que los donativos destinados a las monjas de su agrado. Así que Castillejo y Manzano, los dos castigados al cuarto de los ratones y a esperar la resurrección de la carne.