Guerra y autonomía leonesa
En las últimas semanas hemos visto muchas manifestaciones organizadas por sindicatos y partidos de izquierda. Llevaban pancartas con una frase: «No a la guerra». Se referían a la guerra en Irak. Los manifestantes portaban también banderas, muchas banderas, entre las que nunca estaba la constitucional de España; seguramente porque no es su bandera. Algunos «pacifistas» dieron un espectáculo deprimente, sólo les faltó coger un fusil y disparar contra lo que se pusiera por delante. Es sorprendente que, a pesar de las numerosas guerras de los últimos años es la primera vez que una guerra provoca tantas manifestaciones callejeras. La guerra de Irak ha tenido unos 4.000 muertos, las otras han tenido varios millones. En la guerra de Guatemala murieron más de 800.000 personas. En la guerra de Colombia, que aún sigue, mueren cada año decenas de miles de personas. En la guerra de Sierra Leona, que aún sigue bajo el amparo de Francia, están muriendo decenas de miles de personas. Pero ha habido dos guerras especialmente inhumanas, todas las guerras son inhumanas: la guerra de Yugoslavia y la guerra de Ruanda. La guerra de Yugoslavia, provocada por los alemanes para satisfacer a sus hermanos de raza, los croatas, provocó varios cientos de miles de víctimas , saltando por los aires el país. La guerra de Ruanda, originada por culpa de los europeos, ha sido la más cruel y sanguinaria de todas con dos millones y medio de muertos. Algunos políticos tratan las guerras como al fútbol con sus diversas categorías. La guerra de Iraq sería de la división de honor y la guerra de Ruanda de regional. La vida humana no importa, parece que sólo importa las muertes canjeables por votos en unas elecciones. Dios mío, cuánta hipocresía. En los últimos años ha habido muchos y destacados políticos, demasiados, declarados culpables por la justicia de robos, asesinatos, prevaricación, etcétera. Hoy los políticos nos quieren dar lecciones de moralidad y honradez a los españoles. Qué bien estarían calladitos y dedicarse a la política, que es lo suyo. A todos ellos les preguntaría las razones que han motivado semejante reacción ante la guerra de Iraq y el olvido absoluto de las otras guerras, incluyo entre las otras la guerra de León. Los leoneses llevamos veinte años en una guerra incruenta, pero cruel, injusta, inmoral e incluso anticonstitucional. La inclusión del Viejo Reino Leonés por la fuerza en la Autonomía de Castilla es una auténtica guerra, pues tiene muchas de las más graves consecuencias de una guerra, así como sus motivos. Actualmente las guerras tienen un trasfondo económico y la guerra de León es un puro expolio. Tenemos que: Guerra es ver como la Junta utiliza nuestros impuestos para subvencionar a los empresarios para que se instalen preferentemente en Valladolid. Guerra es ver cómo nos roban impunemente el agua para regar otra provincias, mientras nuestros campos están secos. Guerra es ver a muchos padres sacrificándose para dar estudios a sus hijos y, éstos, al terminar, se ven obligados a emigrar en busca de trabajo. Guerra es ver cómo muchos de nuestros pueblos van desapareciendo por el abandono total de la Administración. Guerra es ver el esfuerzo que hace la Junta para ocultar nuestra Historia y destruir nuestra identidad, reemplazándola por otra castellana. Guerra es ver el continuo expolio de nuestros recursos más importantes, como si fuésemos una simple colonia para enriquecer a otros. En la guerra de Irak muchos políticos decían que el señor Aznar gobernaba de espaldas al pueblo sin escucharlo y que el 90% de los españoles eran contrarios a la guerra. Sin temor a equivocación, se puede afirmar que la inmensa mayoría de los leoneses es contraria a la pertenencia de León en la Autonomía de Castilla. El señor Aznar apoyó con sus palabras la guerra de Irak, pero ningún soldado español disparó un solo tiro. Dijo que apoyaba la guerra para beneficiar a España. Los políticos que metieron a León en la Autonomía de Castilla dijeron que querían beneficiar a León. Siendo muy confiados, confiar en los políticos es siempre una temeridad, podemos perdonar sus buenas intenciones, como Cristo perdonó a los que le estaban crucificando con aquellas palabras: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. Pero después de veinte años de amarga experiencia y vistos los nefastos resultados que están arruinando esta tierra, seguir manteniendo a León dentro de la actual autonomía es simplemente inmoral, injusto e indignante. Y aquí no están solamente los políticos de izquierda, sino también los de derecha. Los unos son tan culpables como los otros. Hay algunos que todavía tienen la desfachatez de decir que el Estado de las Autonomías está cerrado cuando aquí ni siquiera ha comenzado. A estos políticos que hablan así les diría que si Judas hubiera nacido en este tiempo no sería un político como ellos. Al fin y al cabo, Judas, consciente de su mala acción, arrepentido, se suicidó, no sin antes haber arrojado las monedas que recibió por su traición. En las próximas elecciones pido a los políticos, a todos, que sean honrados consigo mismos y con los demás, que piensen en León, que los leoneses podamos ser como el resto de los españoles, dueños de nuestro destino, que recuperemos nuestra identidad, que recuperemos la ilusión de sentirnos leoneses. Los aficionados a utilizar banderas y pancartas que salgan a la calle con banderas de León y España y con una pancarta que diga: «No a las guerras. Sí a la Autonomía Leonesa».