Un mensaje muy «nacional»
Supongo que el gobierno está satisfecho con la visita del Papa. Socialmente, ha sido un fenómeno de masas que actuó como sedante en medio de tantas tensiones. Personalmente, ha estado afectuoso con Aznar y rompió la imagen de distancia y enfrentamiento que había provocado la guerra de Irak. La alocada pancarta que pedía «Aznar excomunión» carecía de sentido ante las evidencias. Desde el punto de vista ideológico, no cabe duda de que los discursos papales están siempre más cerca de un gobierno donde hay ministros de comunión diaria que de un socialismo laico, que presume de agnóstico. No es extraño que voces críticas de la izquierda hayan visto ribetes de «nacionalcatolicismo» en algunas imágenes: una Familia Real presente en todos los actos, o un jefe del Gobierno que acude a la audiencia con veinte familiares y se cruza las piernas ante el Pontífice. Pero hay más. Este Papa se ha mostrado muy «español», en el sentido de asumir en su mensaje el grave problema de este tiempo: la explosión de los nacionalismos y el peligro de ruptura de la integridad territorial. No hubo medias tintas. Juan Pablo II abogó por la «unidad» y criticó el «nacionalismo exacerbado». Es decir, que mostró plena coincidencia con los deseos del gobierno y de la propia Corona. Un mensaje como ése sólo se hace por tres razones: porque es la repuesta a los 530 curas vascos que le escribieron en defensa de la autodeterminación; porque se lo han pedido o se ha pactado; o porque el Papa tiene noticia de ese problema en nuestro país. Quizá sea por los tres motivos a un tiempo. Pero eso no cambia el diagnóstico: estamos ante un Pontífice que crea religión y tiene gran capacidad de convocatoria; pero que tiene que agradar mucho a la España oficial. No todos los días se encuentra una voz tan respetada en defensa del gran problema nacional. Supongo que habrá que corresponderle. Creo que vamos a asistir a un periodo de grandes concesiones políticas a la Iglesia.