Diario de León
Publicado por
Manuel Alcántara
León

Creado:

Actualizado:

Muy desairados quedarían los muertos de la guerra de Irak si no se encontraran las armas de destrucción masiva. Esa fue la coartada que se empleó para su invasión, repudiada por los pueblos y acogida con entusiasmo por algunos líderes en estado de merecer. Esa y la de capturar vivo o muerto, preferentemente en coma, al malvado Sadam. Hasta ahora no se ha podido justificar el ataque: ni aparecen las armas ni aparece el sanguinario sátrapa. Como las cosas no pueden seguir así, el Pentágono enviará a Irak mil expertos, entre ellos una docena de antiguos inspectores de la maltrecha ONU, para buscar el invisible arsenal. Un polvorín no se esconde debajo del turbante. Hace falta disponer de muchos metros cuadrados, aunque los obuses sean redondos. ¿Cómo no encuentran las terribles armas? Tengo dicho que sólo hay una cosa más difícil que hallar una aguja en un pajar, que es hallar un pajar en una aguja, pero hay otra cosa aún más dificultosa: encontrar una aguja donde nunca la hubo. El dúo dinámico formado por George Bush y Donald Rumsfeld no se desanima. Los dos guerreros a distancia aseguran que las armas que sirvieron de pretexto para usar las suyas serán encontradas. A ellos se ha unido, con la misma certidumbre, Colin Powell, de modo que han pasado de ser el dúo dinámico a ser el trío calavera. Están persuadidos de que los terroríficos artilugios para destruir muchedumbres están en algún sitio. Lo que ocurre es que no saben dónde y tampoco se explican por qué no las emplearon sus dueños, perdiendo una ocasión inmejorable. Alguno de los mil detectives puede tener suerte y probar que las acusaciones estadounidenses eran ciertas, pero es difícil que lo logre si otro cualquiera de los mil detectives no las transporta previamente. En cualquier caso, sería un héroe nacional. Lo coronarían de laurel sereno y de chicle. Y lo más probable es que le encargaran ocuparse personalmente de la captura de Bin Laden, primero, y de Sadam Huseín, inmediatamente después, que siempre es bueno hacer las cosas por orden.

tracking