Diario de León
Publicado por
Federico Abascal
León

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ETA ha entrado en campaña elogiando el valor de las urnas, a pesar de que sus tentáculos político/electorales han sido judicialmente invalidados. Esa apuesta etarra se deposita más bien sobre el tapete del referéndum soberanista/independentista que anuncia el lehendakari Ibarretxe, en la esperanza de que el 25 de mayo obtenga el nacionalismo vasco una victoria municipal que le permita controlar incluso la Diputación de Álava. Parece ilusionarse el binomio PNV/EA con los votos que a última hora pudiera entregarle el radicalismo abertzale. Ya se sabe que interpretar desde el convencionalismo político los cambios estratégicos de ETA lleva al absurdo, pero es bien cierto que la banda terrorista conoce perfectamente el nivel de su fortaleza o su debilidad, y cuanto más débil se ha sentido, más se ha volcado en la interlocución con el nacionalismo democrático. El lendakari negaba ayer que se hubiera alcanzado o negociado con ETA un nuevo pacto de Lizarra, a cambio de una tregua, como informaban algunos diarios, y reiteraba que lo mejor para el País Vasco sería que ETA desapareciera. Sabe Ibarretxe, sin embargo, que ETA no va a desaparecer, al menos de momento, lo que permite al ministro Michavila anunciar como hipótesis verosímil algún atentado terrorista inminente, como venía siendo habitual en anteriores campañas electorales. Lo que no parece habría nunca en la estrategia de la banda es el apoyo a una iniciativa política del PNV, que antes había denostado, y un acto de brutal terrorismo. Pero el ministro Michavila, en línea con la campaña genérica de Aznar, orientada a fustigar a todo nacionalismo que se mueva, arremetía ayer tanto contra ETA como contra el PNV, afirmando que los nacionalismos vascos se han convertido en abogados defensores de ETA, pero sin añadir que lo han hecho en cierto modo con la boca pequeña y a la espera de recibir sus votos. Según el ministro de Justicia, en un arriesgado juego de equiparaciones, el último comunicado de la banda demuestra la reciprocidad evidente entre ese texto y el plan soberanista de Ibarretxe. La estrategia de meter en el mismo saco a todos los nacionalismos vascos, democráticos y violentos, viene siendo una constante en el Gobierno del PP, fiel a esa tesis de Aznar, mientras que el PSOE adelanta una serie de matizaciones. Felipe González pedía el domingo desde Barakaldo a Ibarretxe que aparque su plan soberanista hasta el fin de la violencia, recordando además que ese plan, por mayoritariamente apoyado que se viera, sólo podría desarrollarse de acuerdo a las reglas de juego, es decir, al Estatuto y a la Constitución.

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