Diario de León

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Ataque de nervios

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JOSÉ María Aznar sufre un ataque de nervios. O los «cocineros» del CIS le están amargando sus almuerzos o se cree, de verdad, que sólo él, y nadie más, puede elevar el vuelo de la gaviota incluso por encima de las nubes. Continúa en su empeño de que esta campaña electoral sea un plebiscito sobre su gestión. Se habla de todo, menos de lo que toca: elegir a presidentes autonómicos, a procuradores, alcaldes y concejales. Se abordan los temas del Estado y no los que afectan a comunidades autónomas y ayuntamientos. El nivel de grosería política ha tocado techo. Baste el último ejemplo, de ayer mismo. Fue en Carabanchel, Madrid, donde se celebró el mitin del PP. Los servicios de seguridad, tal vez, invitaron al cambio de escenario, previsto al aire libre, al detectar la presencia de trabajadores de Sintel. Finalmente se celebró en un espacio cerrado, con chulaponas isidriles incluídas. Era un acto de apoyo y aliento a Ruiz Gallardón, candidato a la alcaldía, y a Esperanza Aguirre, aspirante a la presidencia de la Comunidad. En teoría, Gallardón y Aguirre, o viceversa, debían ser las estrellas del mitin. Son los que el próximo 25-M se someterán al veredicto de los ciudadanos en las urnas. Pero, no; los eclipsó Aznar. Algo así como «Y en esto llegó el comandante» -perdón, que es canción roja-; llegó Aznar. Y ante un enorme racimo de micrófonos y cámaras televisivas, se puso a contar los todavía calientes acuerdos del Consejo de Ministros: leyes de protección a las familias numerosas, a los discapacitados y a los mayores. Una instrumentalización intolerable. Porque intolerable es utilizar una institución del Estado al servicio partidario en una campaña electoral. Es como confundir al BOE con un programa electoral. Aznar siempre fue proclive a ello, pero ahora lo ejecuta con toda intención. No lo hizo o lo suavizó muy inteligentemente en su primer mandato. Ahora, digo, ha perdido los nervios. ¿Está tan en el filo de la navaja como suponen sus rivales?. Algo de eso hay. Le imita al dedillo quien fuera su pareja política de hecho hasta llegar a la cima: Francisco Álvarez Cascos, ministro de Fomento. Ayer estuvo en Jerez y obedeció a regañadientes la orden de la Junta Electoral de Cádiz prohibiendo el acto inaugural de una carretera. No puso la primera piedra, pero sí ofreció el cóctel. Cascos no admite errores. Acaba de poner en solfa a los miembros del Colegio de Geólogos de Aragón por alertar de los graves peligros del Ave en la región. Cuando aparecieron las simas, se escudó en un falló de la catenaria, que no sé si es una puta de lujo o la siamesa de la Dolores de la copla en Calatayud. Admitimos los errores. Los cometen quienes trabajan. Lo que no soportamos son las oleadas de humo con las que pretenden intoxicarnos. Estoy con Félix Frankfurter: «Si nos hemos de equivocar, equivoquémonos del lado de la tolerancia».

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