¿Dinero sin patria?
El alcalde de León, Mario Amilivia, pedía recientemente y para nuestra ciudad la capitalidad financiera de Castilla y León. Esto supone, en definitiva, que León sea la sede de la entidad bancaria resultante tras la futura y previsible fusión de Caja España y Caja Duero. Hace bien Amilivia en reclamar el apoyo de la Junta para León, porque la realidad camina por senderos bien distintos. Caja España ya ha trasladado a Valladolid buena parte de sus oficinas financieras y de sus sedes culturales, aunque de forma discreta. Además, muchos de los altos directivos de la entidad leonesa pasan ya más tiempo y más días de la semana trabajando en la capital pucelana que en León, algo fácilmente comprobable en cualquier caso. Amilivia está bien seguro de esta lenta pero constante migración de personal y recursos hacia Valladolid. Ante esto, ha decidido reiterar, allí donde sea necesario, un mensaje, el de que León se convierta en la sede de la futura macroentidad resultante de la fusión de las cajas de ahorro. Este mensaje, o mucho cambian las cosas o va por el camino de revelarse inútil. La suerte está poco menos que echada. León, una vez más, tendrá que contentarse con un premio de consolación que no es otro que la sede cultural del invento resultante, y eso si tiene suerte. Lo peor es que, desde un punto de vista global, resulta más defendible una sede financiera para Valladolid -al fin y al cabo allí están las Cortes autonómicas y sede de la Junta- que para León -aquí está, de momento, la Catedral-. León cuenta, eso sí, con la historia a su favor y con el mérito de haber creado Caja España. Pero Caja España lleva tiempo mirando más hacia Valladolid y hacia Madrid que hacia la capital del Bernesga. En todo esto, claro está, tendrán mucho que decir la consejera de Economía, Isabel Carrasco, y ese gran defensor de León en los últimos años, el auténtico Godoy de la Junta, Tomás Villanueva.