Diario de León
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León

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NO seré yo quien llore por la retirada del libro Todas putas, del ponferradino Hernán Migoya. Los extractos publicados en prensa no son como para tirar cohetes. Otro monstruito posmoderno. En narrativa no debe confundirse la voz que cuenta el relato con la opinión real del autor. El personaje narrador puede ser un canalla y, en cambio, su creador todo un bendito. Aunque es el propio Migoya quien nos aclara qué quiere ser de mayor: «los mejores escritores son unos hijos de puta». Dan ganas de llamarle buen escritor. Y añade: «todos pierden el culo por declararse en contra de la guerra o el chapapote. Yo no tengo esa ansiedad por demostrar lo buena persona que soy, sino sólo por ser buen escritor». La edición fue encargada por Miriam Tey, luego nombrada directora de Instituto de la Mujer. Será un lince como editora, pero no parece la adecuada para representar la política del PP sobre la mujer, que obviamente nada tiene que ver con ese submundo. Bukowski es un genio. Y American psico, el terrible relato en primera persona de un yuppie asesino en serie, tiene no pocos méritos literarios. Pero en esto viene Hernán Migoya y sus ganas de ser un hijo de puta, es decir, según él, un buen escritor. Otro listillo que entendió mal a Wilde cuando escribió: «un libro no es en modo alguno moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo». Qué fácil es descontextualizar al maestro. Pero el genial autor inglés era además un hombre bueno, basta con leer sus cuentos. Hasta para bajar a los infiernos del malditismo hay que tener clase. Y dos dedos de frente.

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