Diario de León
Publicado por
Fernando Ónega
León

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Erasmos pocos, y parió el fundamentalismo. Se había colado ETA en la campaña, y ahora aparecieron los terroristas islámicos. Y se colaron también. Aznar dijo que ya lo imaginaba, pero le irritó muchísimo que Zapatero usara los muertos de Casablanca en un mitin. Debió de pensar: ahora que la guerra quedaba lejos y medio olvidada; ahora que las encuestas dicen que apenas influye en el voto, vienen estos marroquíes y la resucitan. Y Zapatero, que es un oportunista, me acusa de lo peor que se puede acusar a un luchador contra el terrorismo como yo: de haber metido a España en las listas del terror. Algo así debió pensar el presidente. Creí que el uso del terrorismo internacional iba a ser flor de un día, pero ayer siguió vigente. Rodrigo Rato dijo que le parecía «patético» utilizar esto, Josep Piqué, que «poco serio», y las dos viejas espadas del socialismo histórico, Alfonso Guerra y Felipe González, también entraron al trapo. Una vez más, descubrimos la facilidad con que el terrorismo se convierte en argumento electoral. Da igual que sea el etarra o un grupo radical marroquí. Lo que ocurre es que quienes se opusieron a la guerra de Irak tienen dos justificaciones. Una es legítima y fue expuesta por el citado Alfonso Guerra: «el problema es si bombardeando un país se acaba con el terrorismo». Y ése es el debate de este tiempo, aunque ahora aparezca manipulado por los intereses electorales. Un debate que va más allá del Parlamento, como pide Zapatero. Lo visto hasta hoy indica que la guerra no es solución. La otra es más discutible. Se quiere transformar una tragedia en votos. Es decir, utilizarla a favor de un partido como recordatorio de una guerra, del descontento ciudadano y del clima de protesta social. Aznar espera que tal actitud sea castigada en las urnas. No es tan seguro. Puede haber oportunismo en el aprovechamiento, pero muchos españoles piensan o pensamos lo mismo que los socialistas. Aunque, tal como está el patio, habría que añadir: dicho sea con perdón.

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