Luces en la ciudad
En días pasados, y desde distintos medios de comunicación, hemos visto cómo la puesta en marcha del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, MUSAC, está despertando cierta desconfianza, en especial en lo que se refiere a la adquisición de obras para su colección, y a los criterios de su recién nombrado director, el historiador de Arte y fotógrafo Rafael Doctor. Quiero pensar que tales discrepancias intentan de alguna forma aupar y aportar algo más a los proyectos que se están implantando en la ciudad. Pensemos en las buenas intenciones. Pero sobre todo en una ciudad como León, con claros síntomas de recuperación en muchos de sus valores y que, en los últimos años apuesta decididamente por la cultura como uno de los elementos y argumentos clave de su fisonomía urbana. Desde luego un equipamiento como el MUSAC debe ser bienvenido, y cuando menos celebrado en sus planteamientos de singularidad y apuesta, de riesgo, cómo no, pero valiente si hablamos de creación artística de nuestro tiempo, y, por fin con obra de autores vivos. Imagino que nadie intenta mostrarnos otro traje nuevo del emperador, y sí una cierta mirada novedosa, actual y reflexiva del panorama artístico de vanguardia que además no busca imitaciones de otras arquitecturas similares. Ciertamente transformaciones de este calibre no operan en un abrir y cerrar de ojos. Basta apercibirse de la lógica de una sociedad en la imperan cuantiosas imágenes y formas preestablecidas para ir desgranando y escuchando ideas, propuestas que generen entusiasmo y vitalidad. Y ya nos rodean algunas de ellas. En León coexisten dos factores que deberían caminar en paralelo como señas de identidad de nuestro acervo cultural: el capital intelectual y el capital creativo. Hay que sacarlos a la luz. Apostar por un contexto ambiental y económico que permita el desarrollo de los artistas y su obra, por quienes emergen en la ciudad con discursos propios, con renovada energía, y que necesitan encontrar las condiciones en León, y desde la propia ciudad, para proyectar sus creaciones. En una reflexión más amplia, participación y debate deben ser los ejes en torno a los que movernos. Y en esa tarea una labor fundamental está obviamente en el papel de los medios de comunicación. Fomentar el deseo de saber, de opinar, de participar, igualmente para las personas son deseos que tienen que estar vivos, activos, no velados. Y en tal empeño se han venido pronunciando las políticas culturales de este Ayuntamiento, por cierto programas apenas existentes que en otras formaciones políticas en la presente campaña electoral. El 2002 ha tenido un pretexto ejemplar para la ciudad: el Año Internacional Gaudí. Fotógrafos, escritores, artistas plásticos, bailarines, músicos, voluntarios y profesionales del diseño y la moda, entre otros sectores, han abierto caminos a un acercamiento más riguroso y sereno sobre nuestro patrimonio, en este caso del maestro Gaudí. Pero no menos importante por los lazos de comunicación y convivencia abiertos con otras geografías y entornos. León puede verse y disfrutarse a través de la obra de sus creadores y artistas, mas allá de sus fronteras. De ahí que en los próximos tiempos será conveniente un plan estratégico para la cultura, en el que se involucren, mediante acuerdos y convenios, instituciones y entidades de ámbito local, provincial y autonómico fundamentalmente. Y ello en beneficio de nuestro crecimiento, ya latente en infraestructuras culturales como el Auditorio Ciudad de León, el citado MUSAC, el Centro Coreográfico, la Escuela Municipal de Música, Danza y Teatro, y en otros territorios artísticos la Fundación Vela Zanetti, o el importante proyecto de «León ciudad digital». Todo ello junto al fomento de la lectura, pieza clave de la sociedad del conocimiento. León debe albergar una fiesta de la literatura, la palabra y el pensamiento por esa imponente nómina de valores consagrados y noveles que nos rodean. Debemos continuar los apoyos iniciados a algunas programaciones existentes, como el Purple Weekend, el Festival de Música Española, o la programación de la Red de Teatros de Castilla y León, así como estar muy atentos a las políticas de formación y difusión de la danza, la música y el teatro para el público infantil, o los circuitos culturales que deberán generar debates entre los profesionales del sector y las administraciones sobre cómo llegar a nuevos espectadores. Y en ese anhelo de comprensión mutua, de desarrollo y de reclamo, arte y cultura deben intervenir y normalizar su presencia. Nos acercaremos, quizá sin prisas, a un porvenir real, desde la base, y desde nuestra ciudad, con serenidad pero con entusiasmo.