Diario de León

EL BALCÓN DEL PUEBLO

En busca de medallas

Publicado por
J. F. PÉREZ CHENCHO
León

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UN ILUSTRE catedrático leonés, maestro de generaciones, académico, sabio y pesado, aprendió en el ocaso de su vida profesoral y científica a mirar antes de la cuenta por encima del hombro. No le pongan nombre a la definición anterior porque corren el riesgo cierto de equivocarse. Los grandes reconocimientos los ha obtenido en el ocaso. Suele pasar. Crémer esperó tres cuartos de siglo a que le aplaudieran en su ciudad, pese a que había truenos de palomas fuera. Las titulaturas recibidas de mayor cusan el mismo júbilo que los nietos en los abuelos. A un abuelo se le cae la baba cuando mira a su nieto/a, aunque le haya meado en el regazo. No educa, disfruta. Se siente el rey del mambo. Un científico en el ocaso de sus días cronológicos también disfruta. Y es vanidoso. Algunos hasta extremos delirantes. Lo dijo con alto ingenio otro catedrático leonés: «Sí, es verdad: hay personas tan vanidosas a las que se les cae una macha de aceite en la solapa y creen que las está condecorando el ministro de Agricultura». La sentencia es como una copia de la actitud del Gobierno. Se pone todas las medallas, las que les correponde por los aciertos y las que carga en los hombros de la oposición. Este Gobierno es experto en imagen. Cuando falla, folla; y cuando folla, falla. Como el colmo de los jueces. Admito que su brunete mediática es espectacular, pero admiro más a los carteristas que están en el entramado. Roban la cartera aunque la agarres con las dos manos. Lo que sale bien es suyo. Y los desastres que genera, de los demás, esto es: de la oposición. Desfachatez en el reparto. Han llegado a satanizar a la oposición por pedir explicaciones sobre el transporte de las tropas españolas. A 62 militares, muertos en accidente aéreo en Turquía, les otorgaron antes el ataúd que el billete de regreso. La desvergüenza se condensa en asegurar que la oposición juega con el dolor ajeno. Lo que pide la sociedad, pedimos todos, es que nos den los datos ciertos y que alguien asuma responsabilidades políticas. Porque hay responsabilidades políticas. Siempre las hay. En la tragedia de Turquía, o en el sobrecogedor accidente ferroviario de Chinchilla. Ha sido el segundo accidente más grave de la historia ferroviaria del siglo pasado y lo que llevamos del actual, tras aquel drama negro de la postguerra en Toreno. ¿Un fallo humano?. Tal vez. Lo que parece un quebrado mental es que, a estas alturas, muchas vidas dependan de un hombre, sin otros correctores tecnológicos. Y más frío y terrible es que en el mismo instante en que se recogían las cenizas de los viajeros achicharrados, el ministro enarbole la bandera de las inversiones. Son piedras, no almas. Rentistas de la política. Publicistas que anuncian lo mismo 3.000 empleos en un sueño de reacción a chorro, que 5.000 en la paramera de Villadangos, ya con los pies en el suelo. Todo es cuestión de medallas. Y de mansos que aplauden.

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