TRIBUNA
Discriminación y violencia
EN LO QUE VA de año han sido asesinadas 35 mujeres de diferentes edades y condiciones. El único nexo de unión era el hecho de ser mujeres. Desde la Secretaría de la Mujer de Comisiones Obreras, una vez más, queremos manifestar nuestro más profundo rechazo a que esta violencia injustificada siga sucediendo cotidianamente. Las medidas que se toman no han servido para detener este terrorismo. El peor terrorismo de todos: no hay ninguna causa social, política, ningún objetivo a conseguir, solo mantener el poder. Es injusto el silencio que hay sobre estos asesinatos. En estos casos no hay posicionamientos, críticas, minutos de silencio, nada de nada. Muy pocas personas toman la palabra contra la violencia hacia las mujeres. Analizando las muertes ocurridas hasta el día de hoy y el número de denuncias por malos tratos que se producen, es evidente que el hogar aparece como el más doloroso de los escenarios y de hecho constituye el lugar más inseguro para las mujeres, pues es el espacio donde ocurren la mayoría de las agresiones. El asesinato de mujeres es la violencia llevada hasta el último extremo, una violencia construida sobre las discriminaciones y desigualdades cotidianas. Son realmente estas discriminaciones de baja intensidad, pero repetidas día tras día, las que crean esa concepción de que la mujer tiene menos valor, de que es menos capaz, de que tiene menos razón, que es un objeto, algo de nuestra propiedad. Cada vez es más imprescindible y urgente acabar con todo tipo de discriminación hacia la mujer, porque es ahí donde está la semilla de la violencia. Y la discriminación de la mujer en el acceso al empleo (el numero de mujeres que demandan un empleo son el doble que la de los hombres, tanto a nivel provincial como regional) es, sin duda, la que está condicionando de manera más determinante su posición subordinada, favoreciendo con ello su situación de victima de la violencia. Es, por ello, necesario acabar con los empleos precarios y sin derechos sociales, sin alta en la Seguridad Social, o con un empleo sumergido, que deja a las mujeres sin la protección que el empleo da a las personas, ante la enfermedad, el paro, o la vejez. Hay que acabar con las dificultades para acceder al empleo si tienen hijos. La atención a la familia debe ser compartida, para que no recaiga sobre ella una doble discriminación, el doble de trabajo y esfuerzo y más dificultades para ser contratada por esta causa. Hay que acabar con la doble jornada, trabajar fuera y ser responsable de la atención a los hijos y a la familia. Esta situación es injusta, afecta a sus condiciona laborales (trabajos a tiempo parcial, por horas..) y limita su participación en otras organizaciones sociales. Es imprescindible caminar hacia la vida y tareas compartidas como parte de la igualdad entre las personas. Hay que acabar con los menores salarios que constituyen un ejemplo claro de esta discriminación. Hay que acabar con la menor valoración de los trabajos considerados femeninos que implican una menor valoración social y económica, cuando son realmente éstos los que más aportan a la vida humana. Hay que acabar con la pobreza estructural, que empuja a las mujeres a la práctica de la prostitución. Hay que compartir la toma de decisiones, romper los techos de cristal que no permiten la promoción de las mujeres por considerarlas menos capacitadas para tomar decisiones . Hay que favorecer que los valores asociados a la mujer (cuidado, afecto, sociabilidad...) tengan un peso preponderante en la sociedad, pues son estos los que cuidan y protegen la vida. Y donde la agresividad, la fuerza física, el autoritarismo tengan menos sentido y valor, ya que no ayudan en el proceso de la humanidad. Hay que acabar con la idea de que las mujeres tienen menos autoridad, porque no la imponen a través de la fuerza física, sino de la razón. Hay que acabar con que la voz de los hombres se tenga más en cuenta que la de las mujeres por el simple hecho de que sea más alta. Hay que acabar con la valoración de la violencia como forma de resolver las diferencias y las dificultades. Hay que acabar también con los procesos de selección de personal injustos, que no se basan en la formación y preparación de las personas, sino en el genero, la belleza o la sumisión. Todos y todas tenemos una parte de responsabilidad en esto. Tanto de forma individual, como social. Y somos las mujeres las que más fuerza tenemos que poner para cambiar estas cosas por que somos las que más sufrimos las consecuencias. En muchas ocasiones se oye decir que las mujeres son las primeras en reproducir el machismo. Es tremendamente injusto que en todo tipo de discriminación siempre se haga culpable a la víctima. Hombres y mujeres somos educados en una sociedad con unos valores patriarcales y en la educación de la mujer se pone más énfasis para que sea sumisa y sencillamente acepte las normas y las tradiciones, pues ella será siempre la principal trasmisora. Pero no somos las únicas que educamos. Educa todo el entorno. Sabemos perfectamente que para la mujer, el trabajo, la autonomía económica, es la mejor forma de protección, pues permite la toma de decisiones. Por ello, desde Comisiones Obreras, como organización que participa en la negociación de las condiciones laborales de las personas trabajadoras, tenemos como objetivo reducir y acabar con estas discriminaciones. Estamos convencidos que este mismo objetivo lo tienen las organizaciones empresariales, pues el acabar con esta lacra social es tarea de todos. Somos conscientes, además, de que las mujeres como ciudadanas, consumidoras, y que toman decisiones, no entenderían las practicas discriminatorias hacia la igualdad de la mujeres, de aquellas empresas que lo practicaran o no aceptaran incluir cláusulas para corregir esta desigualdad en sus relaciones laborales. Es extraño que en una sociedad pretendidamente democrática haya personas con temor a declararse abiertamente feministas. El objetivo del movimiento feminista es conseguir la igualdad de derechos de la mujer, en la misma forma que el objetivo del movimiento abolicionista era la abolición de la esclavitud. Hoy resultaría extraño que alguien dudara sobre posicionarse contra la esclavitud. Por la misma razón resulta realmente extraño que no se posicionen a favor de los derechos de igualdad y paridad de las mujeres, porque es trabajo de todos, de toda la sociedad, el erradicar la violencia contra las mujeres.