Diario de León
Publicado por
RAMÓN MARÍA ALLER
León

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DETRÁS DE la mayor parte de las disfunciones políticas de la España de hoy es fácil percibir la presencia de sombras del pasado y, muy singularmente, de la sombra de la transición, todavía presente en la memoria de una parte importante de la ciudadanía de este país. De aquella época arrancan las prácticas de la circulación de maletines para financiar los partidos, los acuerdos para tapar las vergüenzas de los políticos, el todo vale para las campañas electorales, los intentos de manipular las encuestas, la ambigüedad (calculada, como se decía entonces, o espontánea) respecto al terrorismo y la precipitación en la toma de decisiones. La transición tuvo un fondo inequívocamente rupturista y utilizó unas formas que estaban marcadas por la continuidad, un método difícil de explicar salvo fijándose en la existencia de un pacto para no pedir responsabilidades políticas a pesar del propósito de llevar a cabo un cambio profundo. El primer fruto de este pacto fue el consenso y, consiguientemente, el miedo de la derecha y de la izquierda a exponer claramente sus ideas y a delimitar sus posiciones, un complejo que no se percibe, al menos de manera tan evidente, en los sistemas democráticos más consolidados de todo el mundo. La sombra de la transición, en fin, también se aprecia en las decisiones relacionadas con la economía. La costumbre de convivir con el paro, de asumir el aumento de la inflación, de hipertrofiar el sector público, llevar a cabo reformas tributarias sin meditar sus consecuencias reales a medio o largo plazoo de meterse en medio de las negociaciones entre los agentes sociales, continúan afectando de forma muy negativa a la economía, sin que se advierta un auténtico cambio de rumbo.

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