EL RINCÓN
Peticiones en la cumbre
UNOS 6 millones de niños, niño más niño menos, mueren cada año por lo que los científicos llaman «causas prevenibles». La principal es la desnutrición, claro. A eso de no comer es difícil acostumbrarse: cuando alguien ha conseguido un buen entrenamiento, fallece. También existen otras causas en los países subdesarrollados para que suban al cielo en tropel tal cantidad de angelitos, la mayoría negros. Y yo preocupado porque el Málaga pueda quedarse sin delanteros, después de la marcha de Darío Silva y de Dely Valdés, que también son aproximadamente negros, pero han tenido más suerte. El egoísmo, esa es la mayor de las causas. El presidente de Brasil, Lula da Silva, ha pedido en la cumbre del centro-izquierda en Londres un pacto para dotar a los países pobres de infraestructuras y ha criticado a los Estados Unidos por su «egoísmo económico». Está demostrado que el concepto de caridad, aunque demuestre buenos sentimientos, sólo proporciona digestiones efímeras. Lo que hay que variar son las estructuras injustas, ya que cuando un país rico sienta a la mesa a un país pobre, está deseando que se levante y se vaya, para no hacer larga la sobremesa. El nuevo lema que se ha propuesto en Londres es «Responsabilidad compartida». Una noción muy delicada. Puede tocarnos el corazón, pero hay que tener cuidado para que no nos toque el bolsillo. ¿Cómo compartimos una responsabilidad que en principio no nos parece nuestra? Nadie se siente culpable del desigual reparto de los bienes del mundo, ni de la distinta capacidad de las diferentes etnias que habitan este destartalado planeta. Para colmo, si nos atrevemos a reflexionar sobre estas cosas podemos llegar a la conclusión de que hay naciones ricas porque hay otras pobres. La palabra egoísmo se emplea mucho y mal. No conozco a nadie que no pueda escribir sus memorias con el título de «Mi ego y yo». ¿Qué es eso de pactar con los países pobres? Hemos recibido ofertas más tentadoras. ¿Qué pactos, ni qué niños muertos?