EN EL FILO
Bandidos bananeros
ETA LOGRÓ ayer que sus siglas acaparasen un amplio espacio en los medios informativos. Con dos atentados en la costa levantina inauguraba su habitual campaña terrorista de verano, destinada a amedrentar al turismo. Más de una docena de heridos, al menos uno grave, produjeron los artefactos que explotaron en un hotel de Alicante y en otro de Benidorm. De los heridos, cuatro o cinco son policías que desempeñaban la tarea de proteger la evacuación de los ciudadanos. Jugó nuevamente la banda etarra con el tiempo para que las bombas explotasen veinte minutos antes de lo anunciado al diario proetarra «Gara». El ministro Acebes afirmó que ETA pretendía multiplicar así los efectos del doble atentado. Afortunadamente no murió ningún artificiero policial ni se vivieron momentos de pánico. El susto de los clientes de los hoteles evacuados y de la gente de los alrededores fue, sin embargo, imaginable. Pero una hora después de las explosiones, las playas cercanas se atestaron de bañistas. Se recuperaron del desván de la memoria, como sucede en estos casos, las declaraciones de condena, y mientras el portavoz de Exteriores del PSOE, Manuel Marín, juzgaba execrables los atentados y ofrecía toda la colaboración de su partido al Gobierno, el presidente Aznar recomendaba a la sociedad «serenidad y firmeza», para que ETA no logre perturbar la convivencia. Probablemente esté viviendo ETA sus horas más bajas desde 199, hostigada cada vez más eficazmente, cegadas sus fuentes de financiación por los tribunales de Justicia y detectados/anulados muchos de sus escondrijos bancarios de dinero. Y aunque parezca que la banda sigue fiel a sus hábitos, como el de desencadenar una serie de acciones terroristas contra el turismo, uno de los soportes más firmes de la economía española, todo indicaría que la banda, además de debilitada, se estaría viendo en la necesidad de transformarse en algo diferente a lo que venía siendo desde que irrumpió en escena, a finales de los años 60. La asfixia económica habría aconsejado a ETA modificar sus sistemas de recaudación, y de ser cierta la información que la Guardia Civil maneja, la banda acariciaría ahora la idea de extender, por un lado, fuera del País Vasco su extorsión llamada «impuesto revolucionario», y, por otro, realizar esos secuestros que se practican en Colombia y otros países latinoamericanos. ETA pasaría de ser una banda asesina con cierto apoyo social a una cuadrilla de bandidos bananeros.