AQUÍ Y AHORA
En la muerte de Marie Trintignant
EL FALLECIMIENTO de la actriz francesa, Marie Trintignant, como consecuencia de los daños recibidos por una agresión de su marido, el cantante Bertrand Cantat, tiene la virtualidad de escenificar la tragedia cotidiana de muchas mujeres de todo el mundo. El sacrificio de Marie nos permitirá progresar en la abolición de la humillación del maltrato hacia la mujer, porque siempre que un apellido famoso se convoca con una tragedia la publicidad y motiva atención política. ¿Qué opinará de esta dramática noticia la directora general de La Mujer, Mirian Tey, cuando se recuerde, si algún partido de la oposición se aviene a ello, que sigue ocupando su puesto después de haberse conocido que es copropietaria de una editorial que publicó un libro de apología del maltrato y de la violación, encargado expresamente por ella misma a su autor? Algunos progresistas de salón han tratado de justificar a la funcionaria recordando que la literatura tiene que estar agradecida a Vladimir Nabokov por haber publicado «Lolita» -sin duda una pieza indispensable de la narrativa mundial- intentando equiparar los actos de repudio a la condición de funcionaria pública encargada de personalizar los derechos de la mujer de Mirian Tey, con un acto de censura. No puede ponerse en duda el derecho irrenunciable de cualquier otro autor a publicar una novela por escandalosa que sea, pero difícilmente se hubiera entendido que Nabokov lo hubiera hecho simultaneando su posición de escritor con la de «Defensor de los derechos del menor». Quizá esto era imposible antes porque cuando Nabokov escribió «Lolita» todavía no había doble moral para ser editor o escritor provocador por la mañana y funcionario por la tarde. La falta de coherencia del PP es notoria a la hora de asumir responsabilidades políticas, y esa doble moral le permite al ministro Zaplana mantener en su puesto a la directora del Instituto de La Mujer, co n el mismo desparpajo que estaría dispuesto a asistir, del brazo de Mirian Tey, al funeral de Marie Trintignant. Casi todo vale con tal de evitar una dimisión o provocar un cese.