Diario de León
Publicado por
JOSÉ CAVERO
León

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ESO nos dijeron siempre de la política: que forzaba la existencia de compañeros «contra natura». Vemos en Marbella cómo Jesús Gil ha llegado a un pacto con quienes fueron sus más insistentes enemigos, los ediles socialistas que encabeza la belicosa «antigilista» Isabel García Marcos, denunciadora hasta la saciedad, la afonía y el cansancio de los abusos de Gil. ¿Cómo es posible? ¿Es preciso recurrir a la condición humana, débil y miserable? Bromeaba un colega, al comentar el folletín marbellí: «Parece mentira. Siempre disputando por hacerse cargo de la responsabilidad de Cultura, en el ayuntamiento o en la autonomía.». Naturalmente, no es la cultura lo que los enfrenta, excita y provoca los más bajos instintos, sino el urbanismo. Y en esta ocasión, resulta que Julián Muñoz, 'el novio más popular', había llegarse a creer su condicAión de alcalde de la Ciudad y tenía la pretensión de sustituir al concejal de urbanismo, Juan Antonio Roca. El propósito de don Julián chocó con los intereses de don Jesús y éste tocó a rebato, escindió en dos a su propio partido, el GIL, y convocó a la misma resistencia a socialistas y andalucistas. Y provocó la estruendosa tormenta todavía de final incierto, porque nunca se sabe dónde terminarán llegando los acontecimientos. Algunos diarios ya han dado por expulsados del partido a quienes se han alineado contra don Jesús y contra don Julián, al mismo tiempo que empezaba a anunciarse que las dos vicealcaldías estarán ocupadas por las 'bestias negras' del gilismo, Isabel García Marcos y Carlos Fernández. ¿Muñoz ha hecho bueno y ha santificado a Gil en unos pocos meses? Tal parece. Todos cuantos se han unido para echar de la alcaldía a Julián Muñoz proclaman que es la gran oportunidad de hacer gobernable la ciudad, una vez que Gil ha originado dos grupos enfrentados en su propio partido. Gil y Muñoz coinciden en una cosa: su descalificación recíproca y su deseo de morir matando al contrario. ¿Y el vecindario y público en general se divierte con la comedia? Como en la de la trama de Madrid, más bien se apena, porque ve demasiado a las claras que no hay tanto deseos de que la ciudad prospere como ambición de controlar el urbanismo, la gran tajada del suelo y sus prebendas insondables.

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