Diario de León
Publicado por
PEDRO CALVO HERNANDO
León

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NOS ESTÁ sucediendo lo peor que nos podía suceder: la degeneración de nuestra democracia, esa que tanto nos costó recuperar. Se ve que no era bastante la jibarización de las libertades, el estrechamiento de la libertad de expresión, el virtual fin de la división de poderes, la neutralización del Parlamento, el abuso de la mayoría absoluta, la corrupción como sistema (no ya como encadenamiento infinito de sucesos), la impunidad ante la misma, la elevación de la mentira a la categoría de dogma o el escándalo/trama de la Comunidad de Madrid. No era bastante: teníamos que ver también la destrucción física de alguna institución, como es el caso del Ayuntamiento de Marbella, donde desaparecen los partidos políticos y son sustituidos por sus espectros, que representan el vaciamiento democrático de la voluntad de los votantes, instalando un precedente que podría conducirnos al caos más absoluto, eso sí, con respeto formal a las desnudas normas jurídicas. Marbella es, ni más ni menos, el final de un trayecto y el punto de partida hacia ninguna parte, ante los ojos atónitos de los españoles, que asiten perplejos e incrédulos al más vergonzante espectáculo político jamás visto en este país. El desenlace de Marbella coincide en las mismas horas con el indescriptible bochorno de otro desenlace: el del secretario general del Partido Popular de Madrid, Ricardo Romero de Tejada, que sigue en su puesto, sin que nadie lo remueva y sin que en su partido surja ningún movimiento de mínima regeneración democrática dispuesto a acabar con estas cosas. En la siniestra historia veraniega, hay un partido que expulsa a quienes se salen del tiesto, y hay otro que los condecora y los alienta para que persistan en sus comportamientos, sin que aquí pase nada, aparentemente. Y todo bajo el manto de una mayoría absoluta arrebatada por dos traidores, de los que se aprovecha el partido adversario desde el principio hasta el fin, en sagrada comunidad de ideas y de intereses. Y aquí no pasa nada, aparentemente. Aunque gana terreno la idea de que esto no puede ser y que explotará por algún lado, no sabemos cómo, ni cuándo, ni por quién, ni para qué. Las cosas están llegando, o ya han llegado, demasiado lejos.

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