EL MIRADOR
La prioridad de Aznar
SEGURAMENTE se preguntó a José María Aznar, en el comienzo de su gestión de ocho años, qué le gustaría que hubiera quedado definitivamente resuelto en la vida española. Terminar con la banda etarra, por cuanto casi todo lo trastoca y desnaturaliza, era una de sus metas y prioridades insoslayables. Lamentablemente, no ha podido avanzar tanto como hubiera deseado en esa materia. Ni siquiera se han producido extraordinarios avances en ese camino, aunque bien es cierto que sí se han dado pasos muy importantes. En el último año el Gobierno se ha esforzado en esa tarea mediante la conjunción de esfuerzos con el poder judicial para deslegalizar a Batasuna y cualquier forma y nombre de colaboradores de ETA. Pero salta a la vista que tienen una presencia social firmísima en la sociedad vasca, y que no todo se resuelve por leyes y decretos nuevos. José María Aznar contempla que le quedará sin resolver otra asignatura en la que también pretendió poner punto y raya: la organización del Estado. Proclamó una y otra vez que el estado de las autonomías ya estaba cerrado y bien cerrado, y que no procedía revisar la España de las autonomías. Pero está viendo que en esa materia pelea contra unos partidos nacionalistas que se muestran lejos de verse satisfechos con esa España de las autonomías invento de la Constitución. Ahora, en la recta final de su mandato, Aznar proclama que la estabilidad constitucional es su propósito final de actuación, como si tal cosa se pudiera resolver en un trimestre o en dos. Es algo que requiere mucho más tiempo, más dedicación y, por supuesto, más sensibilidad. Y desde luego, parece bastante torpe culpabilizar de tal inestabilidad constitucional a la principal fuerza de oposición, los socialistas, porque a menudo se esfuerzan en comprender las posiciones de los nacionalistas de Euskadi y de Cataluña. José María Aznar quisiera que sus posiciones tuvieran el apoyo cerrado de todos los ciudadanos sin excepción de ninguna especie. Y que Juan José Ibarretxe y Xabier Arzalluz fueran unos auténticos «malditos de la política española», como él mismo los trata y los considera. Por lo demás, la credibilidad de Aznar en la defensa a ultranza de la Constitución es insuficiente. Sí ha podido dar una pista a quienes esperaron una palabra sobre su sucesión: Es evidente que a Josñe María Aznar no le preocupa, en absoluto, la marcha de la economía. Ese aspecto está garantizado por Rodrigo Rato, esté donde esté. En cambio, es más probable que Mariano Rajoy, e incluso Ángel Acebes, estén en mucha mayor coincidencia con José María Aznar en esa preocupación política primordial que es la defensa a ultranza de la Constitución «tal cual está y tal cual viene siendo ejercida», sin modificación de ninguna especie. Ni siquiera para dar utilidad de una vez a una cámara tonta, inútil, y sin embargo, costosa, que es el Senado, que ni siquiera cumple los propósitos que para ella determinó la propia Constitución... Aznar ha expresado su más viva preocupación, que viene a ser su más profundo fracaso en su doble mandato de ocho años, que empieza a cerrarse...