CON VIENTO FRESCO
Pasar factura
HACE UN par de semanas se reunían en Cacabelos casi un centenar de descendientes de José Castaño Pose, el más lúcido regeneracionista de los escritores bercianos de principios del siglo XX. Castaño Pose, argentino de nacimiento pero cacabelense de adopción, es autor de un hermoso libro en el que relata un viaje a Las Médulas realizado con varios amigos en el último decenio del ochocientos, y en el que impresionado por las desgracias de la comarca, a causa de la filoxera y el cierre de las ferrerías, escribe: «Hoy la fastuosidad y esplendor (del Bierzo de otros tiempos) solo se manifiesta entre la caterva de políticos vampiros, que arruinan la comarca en estériles luchas de partido». La cita me vino a la memoria ante el espectáculo vivido en el Consejo Comarcal estas últimas semanas. Algunos piensan que criticar las conductas de los políticos es cuestionar el sistema democrático; por el contrario, yo creo que es la mejor terapia para curar de sus males a la democracia representativa. Esta, ciertamente, no puede funcionar sin los políticos. Sabemos, nos lo dice Aranguren, que la realidad política está constituida, ante todo, por la estructura y el funcionamiento del poder. Los políticos buscan, quieren el poder; pero éste, en democracia, no funciona por la fuerza, la coerción, sino por el consenso, casi diríamos por el glamour que aquéllos inspiran en los ciudadanos. Son los partidos los encargados de crear ese consenso entre gobernantes y gobernados. Por eso los políticos son necesarios, pese a que, como revelan encuentas de la Unión Europea, se trata de los profesionales menos valorados. Probablemente porque lo que debería ser un servicio lo han convertido en una profesión, pero sobre todo a causa de los escándalos y la corrupción. En el Consejo Comarcal han ocurrido cosas graves, que están teniendo un gran impacto en la opinión pública. No creo que lo más importante sea el tema de los sueldos. También a mi me parecen excesivos, no por la cantidad que cobra su presidente, hasta cierto punto justificable, sino por el excesivo número de dedicaciones exclusivas y presidentes de comisión con sueldo. Me parece mucho más grave los enfrentamientos internos, las rivalidades personales, la lucha despiadada por el poder, porque esto desprestigia a una institución que necesita, si quiere ser respetada por propios y extraños, una vida democrática menos endogámica y más proyectada al servicio de los ciudadanos. Aunque ha pasado más de una década desde su creación, el Consejo sigue siendo una excepción en la comunidad, y son muchos los que, agraviados o no, discrepan con su existencia. No es bueno que los políticos bercianos den bazas que justifiquen esas críticas, porque puede ocurrir que también muchos conciudadanos se pregunten si esa institución sirve para algo más que para repartir sueldos y prebendas. No estoy convencido, aunque me gustaría, de que las aguas dentro del Consejo se calmen cuando pasen las fiestas de la Encina y comience verdaderamente el curso político, pues hay mucho resquemor entre unos y otros consejeros, y muchos más jaleándolos desde fuera para seguir en la pelea. Pero lo que si sé es que, de cara a las elecciones generales de la primavera, a algunos, en sus respectivos partidos, les van a pasar factura por todo lo ocurrido este verano en la Diputación y en el Consejo Comarcal. Hasta ahora, en su particular pulso, a Fátima López Placer y a Ángel Escuredo, en el PP, les han salido bien las cosas; pero ya veremos qué ocurre cuando se discutan las listas de candidatos al congreso y al senado: han hecho mucho ruido, y por tanto mucho daño a su partido, en un año muy importante, en el que el Partido Popular necesita mucha unión si quiere ganar las elecciones generales después del Prestige , la guerra de Irak y la ofensiva del Partido Socialista en materia autonómica. También en éste le pasarán factura a alguno.